COLUMNA | Viento de palabras | Borka Sattler: Miguel Ildefonso, novela, memoria e historia

Memoria de Felipe se presenta hoy a las 8 pm en Yacana (Jr.de la Unión 892, 2do piso)

Tengo en mis manos la muy reciente novela de Miguel Ildefonso Memoria de Felipe y confieso que hace mucho tiempo un relato no me impactaba de tal forma, pues desde sus primeras páginas aviva la memoria y este valor de la literatura actual ha logrado llegar hasta las profundidades del pensamiento. Primero por su frescura al contar los hechos con una técnica exquisita donde emplea un vaivén de acontecimientos, donde se percibe un exhaustivo estudio de hechos reales y, segundo, porque esos hechos los conjuga con su imaginación dando vida a su protagonista.

Mediante la lectura de esta obra, uno se siente con avidez por descubrir, otra vez, la historia de esos años oscuros que nos tocó vivir, pero también la misma historia del joven Felipe y de los que lo rodean en el relato. No es en vano compartir y sentir los amores y decepciones, complejos y mentiras, realidades y ficciones que deambulan por la mente del personaje principal.

En esta obra, Miguel Ildefonso se perfila como uno de los más distinguidos autores de las letras actuales, pues combina con maestría sucesos vividos, con la mente del ser humano y sus sentimientos. Fuera de la tragedia que vivimos todos los peruanos en la época del terror –atentados, bombas, secuestros, asesinatos–, el autor hace una descripción muy específica de lo ocurrido en El Frontón, que en 1986 causó tanto sufrimiento. La ley contra ilusos manipulados por un enajenado que ni siquiera se identificaba con lo peruano, sino con ideas importadas. Ni idiomas ancestrales, ni costumbres, ni siquiera nuestra música, él bailaba alegremente ritmos ajenos a nosotros, mientras que sus partidarios daban la vida sin ninguna consideración.

 

La sangre como símbolo de oscuridad

 

Sigamos con la novela Memoria de Felipe, que inquieta nuestro pensar. El autor se vuelca en la época que los mayores tenemos en el entendimiento pero los jóvenes no.

Los personajes que rodean a Felipe son sumamente interesantes, desde Serafín, hermano de una de sus amigas, testigo y sobreviviente de la isla del Frontón; Bernardo, el amigo homosexual, y las varias ninfas que irán apareciendo en su vida y lo harán cavilar entre lo justo e injusto, entre la ley y el terror.

A medida que se avanza en la lectura de la novela, nos vemos rodeados de recuerdos descritos de una manera imparcial, memorias que se arraigan a la mente y quedan latentes. La sangre no es elemento para germinar la tierra, sino un símbolo de oscuridad, pues se pone negra al recibir la luz del sol y Felipe, el protagonista que era escritor, se aleja y recorre el territorio peruano en busca de caminos de ilusión. Así le son mostrados penas y alegrías, paisajes maravillosos y angustias de la gente, debilidades y ensueños que lo animan a seguir.

¡Qué maravillosa posibilidad tiene el que usa la palabra como expresión y puede crear personajes con un alma en su interior!

Quiero pedirle al autor que a Felipe no lo desaparezca, que no termine, tiene mucho más que dar. Hay personajes en la ficción que los sentimos tan nuestros como si los hubiese creado Dios.

El impecable relato prescinde de cronología lineal y se disfruta como en un círculo, más bien como un espiral que va dando vueltas como una madeja de hilos imaginarios. Vida y muerte, amores y decepciones, mentiras o realidades, plegarias y conjuros que nos envuelven y nos sorprenden mostrando belleza, pero no felicidad, mejor diría angustia. Es por eso que insisto en mi reclamo: Que Felipe no se quede en Talara, tiene que seguir.

Mi amigo Miguel Ildefonso me ha invitado a presentar su libro y me siento halagada por su deferencia.

TAMBIÉN PUEDES LEER: