OPINIÓN | Jaime O. Salomón: Política y religión

A la fecha vemos como algunos, sin ser políticos y menos representar a una iglesia con ideales, pretenden mezclar divinamente religión y política para beneficio personal.

Por Jaime O. Salomón

Política y religión han estado unidas históricamente. En el Perú, la religión ha influido en la política desde las cultu­ras precolombinas hasta la época republicana. A fines del siglo XX empezó la presencia activa de religiosos y laicos “comprometidos” candidateando a vicepresidente, para congresistas y a la gestión pública.

A la fecha vemos como algunos, sin ser políticos y menos representar a una iglesia con ideales, pretenden mezclar divinamente religión y política para beneficio personal.

Otros, que siendo políticos no mantienen religión activa pero alegremente refieren a Dios cada vez que tienen pro­blemas con la justicia.

El pueblo ya no se come ese sancochado.

Pero la lealtad e identidad parecieran haber perdido im­portancia; hoy el votante identifica candidatos por su si­militud con valores culturales y no por coincidir en com­promisos ideológicos y políticos. Capaz por ello muchos no abrazan ideología religiosa alguna, y menos siguen una ideología partidista –aunque claro–, ¿qué partido ac­tual tiene o mantiene ideología alguna?

En ese contexto y sin ideales, no extraña pero indigna que: el fiscal de la Nación se niegue a ser juzgado por la propia Fiscalía; que el Congreso pretenda nombrar a los miembros de la ONPE y el Reniec, que son los que cuentan  los votos que los elegirán y verifican a los ciudadanos há­biles, respectivamente; que el Congreso debatiera por casi dos años la creación de la Autoridad Única de Transporte de Lima y Callao; que se siga dilatando –adrede– el dicta­men para reestructurar el CNM; que sigan la mecidas sobre el debate de las reformas constitucionales; Salaverry infor­mando que las reformas tomarán tres años; que la lideresa naranja haya solicitado a la Fiscalía que no continúe la in­vestigación en su contra por lavado de activos; que varios ministros no puedan ni sepan ejecutar sus presupuestos; o, que algunos hagan uso de la religión para romper puentes con el fin de lograr lo que su grupo ordena.

Ideal que exista ideología, tanto religiosa como políti­ca, con respeto a la verdad, sin barras entrenadas que al unísono tergiversan y direccionan el escenario. Ideal que trabajen por la justicia e inclusión social.

Recuerden, fueron elegidos o nombrados para trabajar por el Perú. ¡Háganlo ya!

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