Wiñaypacha, de Óscar Catacora

“El sonido del silencio es elocuente, pues cuando terminó la película y prendieron las luces del cine, todo el mundo se quedó callado y nadie se levantó".
Wiñaypacha, de Óscar Catacora Wiñaypacha, de Óscar Catacora

Por Borka Sattler

El sonido del silencio es elocuente. El frío de las alturas de los Andes del sur, remece. Los rayos del sol se impregnan en la piel. La lejanía y soledad es el vivir que late. La presencia del género humano es una pareja de ancianos que comparten las horas del día y la oscuridad de la noche.

Si la belleza está ligada a la estética, Óscar Catacora, cineasta peruano y puneño, ha logrado conjugar en los elementos naturales que reúne en su película Wiñaypacha una recreación visual de belleza pura y un mensaje a los sentimientos.

La desolación y el abandono aparente que sentimos los que vivimos rodeados de gente, al sumergirnos en la trama de esta magnífica producción, es contrarrestada largamente con la labor del trabajo cotidiano para la subsistencia, con los sutiles y escasos diálogos, en aimara (con subtítulos en castellano), que emiten pensamientos poéticos relacionados con la existencia.

La precariedad se soluciona con el ingenio y el diario vivir en una  convivencia suspendida en el tiempo, que ha mimetizado los rostros de la pareja en los surcos de sus rostros que como las arrugas del suelo de las montañas, hacen parecer que han nacido del mismo vientre.

Es más que amor, el romanticismo que los llena se refleja en todas sus actitudes. Ella, Phaxsi, una mujer andina, fuerte y enérgica, pero llora. Él, Willka, un hombre más cauto y sereno que consuela a su mujer por la añoranza del hijo que los ha dejado. Ese hijo que se sintió disminuido y se fue a buscar otros horizontes.

Óscar Catacora no deja solos a sus personajes humanos, los rodea con seres exuberantes como la naturaleza. Montañas nevadas de belleza incalculable, rayos y truenos bulliciosos, cataratas de agua clara y animales queridos que son parte de la vida.

El hilo del relato no presenta quietud, por el contrario nos emociona e inquieta y hasta presenta tragedia. Hay escenas muy fuertes en ese contexto que magistralmente conmueven. Phaxsi, la mujer, sueña con el llanto de una criatura y alcanza a tocar el feto de un animal disecado que pendía sobre su cama y cuando descubre la muerte de sus cabras, busca en una de ellas el feto que llevaba adentro y lo abraza. Estas escenas nos muestran el sentimiento de madre que la marca. Por otro lado se revela como una mujer en todos los sentidos de la palabra. Abriga con sus tejidos al amado, le da medicinas para lo que le aqueja y sacrifica a su último y querido animal, una llamita, para satisfacer su hambre.

La obra de Oscar Catacora no es solamente lo visual ni la técnica impecable que desarrolla, hay que encontrar en ella ese algo que está en los sentimientos y que él los interpreta con maestría.

Termino esta columna como la empecé: el sonido del silencio es elocuente, pues cuando terminó la película y prendieron las luces del cine, todo el mundo se quedó callado y nadie se levantó. Al cabo de unos instantes, la gente comenzó a aplaudir. Y así prosiguió por largos minutos. No se la pierdan.

 

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