Viento de palabras | Borka Sattler: Homenaje a Josemári Recalde

Los últimos minutos del corazón de Josemári Recalde (Lima, 1973–2000) sintieron el abrazo de las llamas que con toda sutileza lo apartaron físicamente de nosotros,

¿Por qué llama tanto la atención el furor del fuego en los seres humanos? El fuego atrae y fascina, es un elemento lleno de misterios cuyo movimiento cautiva. Él se puede llevar la carne y los huesos pero nunca el latir de la mente, el espíritu no se puede quemar, queda en nuestro alrededor.

Los últimos minutos del corazón de Josemári Recalde (Lima, 1973–2000) sintieron el abrazo de las llamas que con toda sutileza lo apartaron físicamente de nosotros, pero nos dejó calores y brazas de su vivir.

Libro del Sol, poemario publicado una semana previa a su sensible fallecimiento, en el que conjuga su poesía, es un canto a la existencia, una esperanza del ser, un himno de sentimientos que se amalgaman con su ardor. Al decir ardor, digo calor, un vibrar incandescente que derrite los bloques helados de la incomprensión.

En el último poema de Libro del Sol, titulado “Sermonen ad Mortuos”, nos dice el poeta: “Al final de los mitos, / cuando todo se halla evaído, / encontraremos quién sabe una luz, / no no quiero /pertenecer más a la realidad verdadera / ni a la falsa, / por eso incendio mi cuerpo”.

Fue el destino el que no comprendió la metáfora y a tanto llamarlo envió a la muerte con su guadaña de fuego. Un destino ignorante de que al poeta lo abrazaban las llamas de un tierno fuego interior, una flama de sentidos, una dicha de sentir.

El espíritu subsiste en la obra literaria, en la proyección de una mente que ilumina y no se esconde en la oscuridad. Cada retazo de esa mente está en su Libro del Sol y nos quedamos sedientos, no de agua, sino de llamas de pasión, de ilusión por existir, de goce de sentimientos, de esperanza de vivir.

Una copa de champán con burbujas de emoción son sus poemas, puesta sobre una mesa rodeada de candelabros, cuyas velas nos dan luz.

Poeta a carta cabal que se suspende en el espacio y nos deja truncos para seguir amando cada una de sus palabras llenas de gracias por la existencia.

Para concluir, quiero mencionar que en 1995, en una exposición colectiva titulada “Primera comunión”, celebrada en mi galería de arte, se mostró la obra de jóvenes poetas y pintores. Aquella vez Josemári dialogó con la obra plástica del artista Aldo del Valle con su poema “Piedra”, en el que la soledad y el “vuelo de luces” daban sustento a su íntima visión artística.

TAMBIÉN PUEDES LEER: