20 Mar, 2018

Vargas Llosa: el liberal escéptico

“La llamada de la tribu es un poco de agua limpia que puede rescatar nuestra política secuestrada por un empresariado"
Vargas Llosa: el liberal escéptico
Vargas Llosa: el liberal escéptico

Un rasgo de los ensayos de Vargas Llosa es que en el Perú son perfectamente desconocidos. De un lado, los peruanos –la mayoría– están atrapados en la bajeza teledirigida por los empresarios de la televisión, además de haber sido inmunizados en las escuelas contra el placer de leer; a otros la miseria no les da tregua en absoluto; y la burguesía de estas tierras es la más iletrada del continente. Eso sí, en este país, desde el portero hasta Roque Benavides, todos afirman: «Vargas Llosa es un buen escritor, pero un desastre de político».

Un desastre político

Pues bien, ese desastre de político es el dolor de cabeza de los extremistas de derecha e izquierda, y es quien mejor ha recalcado que el liberalismo es una actitud ante la vida en que el individuo se desprende de la placenta gregaria y, a la vez, es un sistema político que protege a los miembros de la sociedad fomentando tolerancia entre los diferentes estilos y propósitos de vida que decidan llevar ciudadanos tan disímiles como sor Lucía Caram y la actriz Sasha Grey.

Ese liberalismo busca que los miembros de la sociedad coexistan en un clima donde el egoísmo, lejos de ser anatematizado y reprimido, se canalice como el combustible del progreso personal y de las naciones, pero dentro de un sistema de leyes justas, de un Estado pequeño pero eficaz que anule los oligopolios de los ricos y que permita a los pobres tener igualdad de oportunidades, no empeorando la educación privada, sino elevando a una altísima calidad la educación pública.

La llamada de la tribu

Todas estas ideas las encontraremos en el reciente ensayo del peor político del Perú según los peruanos. La llamada de la tribu aborda los distintos aspectos de las sociedades desarrolladas a través de pensadores liberales como Adam Smith, Hayek, Popper y Berlin. La llave maestra y madre del cordero en las pugnas sociales sería el libre comercio del que, en 1766, Smith explicó: «No obtenemos los alimentos de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, sino de su preocupación por su propio interés. No nos dirigimos a sus sentimientos humanitarios, sino a su egoísmo, y nunca hablamos de nuestras necesidades, sino de sus propias ventajas». Y así habría nacido la «mano invisible», una compleja red psicológica y social en que cada individuo, buscando su propio beneficio, ayuda a sus conciudadanos.

Hasta aquí, la derecha se da por complacida, se frota las manos y busca ignorar la advertencia del liberal Isaiah Berlin: «La libertad total de los lobos es la muerte de los corderos». Y la izquierda, al ver las injusticias sobre los trabajadores, patea el tablero del libre mercado y condena a la pobreza total a lobos y corderos.

Reformas graduales

¿Qué nos propone el peor político del Perú? Junto a sus terribles secuaces –los liberales– es escéptico, cauteloso, respecto de sus propias propuestas y prefiere reformas graduales, fáciles de corregir sobre la marcha sin más misterios que el ensayo-error. En cuanto a principios, pues, en los conflictos de interés en los mercados, el Estado debe velar que las reglas del juego favorezcan al consumidor; que ante las leyes todos los ciudadanos seamos iguales, pero que las diferencias de talentos y esfuerzos deban materializarse en mejores ingresos. Y que las democracias deben asegurar la igualdad de oportunidades reales y respetar las diferencias de paga y retribución económicas cuando éstas no resulten de privilegios de castas y clases, géneros y razas, sino del trabajo.

El Perú de la CONFIEP

En Perú las alternativas de discusión al corto plazo son otras. O continuamos con la «enfermedad infantil» del economicismo, con la economía del buen amigo de la CONFIEP, cuyo éxito no depende tanto de la invención y riesgos, sino de las cercanías con presidentes, o más bien dejamos la caricatura y tratamos de consolidar una democracia en donde el interés del patrón no esté por encima del peón.

Desde la orilla de los académicos, se recela de las ideas de Vargas Llosa por varias razones. Es espeluznante recordar que Vargas Llosa, como candidato a la presidencia del país, fue financiado por la CONFIEP; pero es grato saber que esos mercantilistas se quitaron las máscaras y hasta el día de hoy se alimentan de la dictadura de Fujimori. Pero más interesante es que las prácticas visibles de la CONFIEP fueron aprobadas por el triunvirato depredador de Hayek, Mises y Friedman, neoliberales que aplaudieron la dictadura capitalista de Pinochet, avalaron los monopolios como premio a la eficacia, redujeron los salarios y sindicatos, y ayudaron a los ricos a no pagar impuestos y a los bancos a cobrar las tasas de interés más desorbitadas de todos los tiempos. Los académicos, así, desconfían de algunas premisas liberales, pues manejan información contrastada de Joseph Stiglitz y Thomas Piketty, economistas que han investigado las relaciones de poder en el mercado.

 

Tengo a Vargas Llosa por uno de los novelistas que más admiro. Sus ensayos y textos periodísticos, en buena cuenta, también me han seducido, sospecho que esa atracción se deba al mesmerismo o patologías afines que ejercen los escritores. Sin embargo, ideas bien presentadas son ideas bien justificadas, y La llamada de la tribu es un poco de agua limpia que puede rescatar nuestra política secuestrada por un empresariado capaz de crear el cómico «Consejo Privado Anticorrupción» mientras financia a los políticos que aseguran los monopolios y la explotación de los trabajadores.