TUSM: Georgette, la golondrina de Vallejo

“A pesar del sincero esfuerzo de Gimena Vartu (Georgette) y Daniel Sánchez (Vallejo), hay una irregularidad que hace poco fluida la intención dramática"
TUSM: Georgette, la golondrina de Vallejo TUSM: Georgette, la golondrina de Vallejo

Vallejo siempre es difícil. Su poesía nace casi inescrutable. La audacia del lenguaje con Trilce extrema la misma noción del conocimiento. Ahora, imagínense poner parte de su vida en escena. La biografía del trujillano es una parábola de todo poeta peruano. Muerto en París, pobre pero no olvidado. Monsieur Pain, lo llamaría el novelista Bolaño (espectacular prosista de novelas sobre vida de bardos). Toda vida de los buenos poetas tiene una intensidad de fábula. La del autor de Paco Yunque, aún más. Tiene todo para ser en sí mismo un prototipo. Genial, menesteroso, serrano, comunista, trujillano, sanmarquino, ebrio y casi feliz. Encima enterrado en la vieja ciudad europea. Ahora, imaginemos ser la pareja de este escritor. Eso es lo que ha hecho el narrador Cronwell Jara y confiado al entusiasta elenco del Teatro Universitario de San Marcos (TUSM) para su puesta.

El TUSM, fundado en 1946 por el maestro Manuel Beltroy, es una institución universitaria clave para entender el proceso del teatro peruano contemporáneo. Ha tenido directores como Walter Zambrano, quien la hizo brillar. Organizaba unos espléndidos Festivales de Teatro Universitario de San Marcos (FETUSM), donde incluso, oh atrevimiento, gané una vez como mejor director. Roberto Sánchez-Piérola, Cecilia Podestá, Jorge Flores Johanson forman parte de esa cohorte de teatreros sanmarquinos. También el TUSM estuvo bajo la claridad de Ernesto Ráez. La preocupación social y proyección de Mario Delgado, fundador de Cuatrotablas, del mismo modo fue significativo para darle más prestigio. Recuerdo que Mario quería fundar una escuela de artes escuela de artes escénicas en la Decana de América. Luego, como sucede con todo proyecto cultural, las autoridades fueron olvidando su jerarquía. Es por eso que es buena noticia que aun persista en medio del bullicio del centro de la ciudad. Además, permite mostrar sus últimos avances y también sus limitaciones.

¿Qué quiso plantear el director?

El autor de Montacerdos, esa señera parábola de la miseria, es conocido por su penetrante maestría narrativa sobre la podredumbre. Por supuesto, en vista de esos antecedentes, ver en escena la lectura que tiene sobre Georgette Philippart o Madame Vallejo, es provocador. Jara, quien además asistió (y criticó en público la performance) en primera fila al estreno, también puso a prueba su incursión dramática. Es verdad que la concepción de la puesta y las actuaciones pueden liquidar toda buena intención del texto propuesto. A pesar del sincero esfuerzo de Gimena Vartu (Georgette) y Daniel Sánchez (Vallejo) hay una irregularidad que hace poco fluida la intención dramática. La mano del director apenas se nota en corregir las fallas.

Es como si lo hubieran dejado a la suya. El registro actoral difiere entre ambos personajes. Además, la iluminación es desfavorable y la escenografía demasiada incierta. A eso hay que sumarle que tanto el equilibrio (en momentos se escuchaba más la música que los parlamentos) como la incursión de la música (colocar a Piaf es un lugar común) es impertinente. ¿Qué quiso plantear el director? Es tan difícil de responder como interpretar el poema XIII de Trilce. Tal vez en esa visión poco clarificada comienza la brecha de la propuesta. No se puede negar el cariño y hasta devoción por visibilizar a un personaje femenino vilipendiado por la lectura de los hombres. Una mujer leída bajo claves patriarcales y condenada al ostracismo por ello. Una poeta europea que fue capaz de vivir en Lima (lo que casi es un acto de heroísmo), a trompicones y resistiendo los embates del rencor limeño, luego de la muerte de su esposo. Una viuda guerrera. Esa fiereza por defender lo suyo no aparece en la obra sino como un desvarío. Es más bien esa férrea fortaleza por cuidar nuestros intereses literarios ante las fauces de los carroñeros. Los viudos son otros.

Cronwell no estuvo tan desacertado. Algunos ajustes de los lugares comunes pueden hacer que releer el papel de Philipart alcance ribetes que la pongan en el justo lugar que merece. Le debemos mucho a ella como para etiquetarla con un prejuicio inventado por sus enemigos. No es una golondrina y menos una francesita enloquecida. Tampoco olvidemos que el teatro, además de la pasión, requiere destrezas escénicas mayores. El pasar el sombrero al final de puesta en la pequeña sala es una metáfora contundente.

 

FICHA

Texto: Cronwell Jara

Dirección: Martín Velásquez

Actúan: Gimena Vartu y Daniel Sánchez

Teatro Universitario de San Marcos, jr. Lampa 833, Centro de Lima

 

 

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