The post: los archivos del Pentágono

En esta película que aborda el tema de la libertad de prensa, se demuestra que el afamado director estadounidense sigue siendo uno de los mejores artistas
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Aunque se ha escrito mucho sobre el supuesto bajón creativo de Steven Spielberg, lo cierto es que casi todas sus películas no tienen dificultades para colarse entre las aspirantes a los principales premios cinematográficos.

Es innegable también indicar que el nivel de sus películas está muy lejos de la calidad de los que hacía en los 80 y los 90 –veremos cómo le queda su nueva cinta Ready Player One–, pero cuando se pone serio sigue infalible, como demuestra en The post: los archivos del Pentágono, una traducción un poco más explicativa que el título original, The Post.

Lección de periodismo

Una vez más, el director ha recurrido a hechos reales para seguir poniendo galones a Tom Hanks, su actor fetiche. En concreto, el filme se centra en una serie de sucesos que tuvieron lugar en 1971, cuando el New York Times y el Washington Post se hicieron con unos documentos confidenciales en los que se hacían evidentes las muchas mentiras que los diferentes gobiernos de Estados Unidos habían contado durante años sobre la guerra de Vietnam. En ese momento, ambos diarios –la película pone el foco en la redacción del Post– se enfrentan al dilema de cumplir con su deber como informadores o respetar la ley que les prohíbe desvelar secretos de estado.

El resultado es un emocionante, tenso e inteligente thriller periodístico que aborda con pasión un concepto tan trascendental para la historia reciente como es la libertad de prensa, una garantía democrática demasiadas veces puesta en entredicho.

De este modo, Spielberg ha logrado resucitar la esencia de la profesión en el momento más decadente de la misma, con los periódicos en horas bajas y los medios online atrapados en la esclavitud del clickbait (‘carnada de clics’). En este sentido, como carta de amor al periodismo, The post: los archivos del Pentágono casi podría considerarse una secuela espiritual de la oscarizada Spotlight. Y es precisamente el reciente éxito de aquella y el intento de la Academia de no repetirse lo que podría limitar el triunfo de The Post. De hecho, de los seis Globos de Oro a los que optaba no ganó ninguno.

Una mujer al mando

Pero más allá de las rotativas, de habitaciones con caballeros que no paran de fumar, de Vietnam y del trasfondo político e histórico, la película brilla especialmente cuando lanza su sutil pero estimulante alegato feminista, encarnado por una Meryl Streep brillante en uno de sus mejores papeles de los últimos años. No hace falta ser artificioso, redundante ni torpemente explícito para transmitir un mensaje de forma efectiva. Aquí, la reivindicación de la mujer se hace a través de la figura de Katharine Graham, un ama de casa, aficionada a organizar elegantes fiestas, que se convierte en la primera mujer editora del Post y debe asumir las responsabilidades de dicho cargo en uno de los momentos más delicados de la publicación. Katharine, que crece y logra hacerse valer en un oficio de supremacía masculina, fiel reflejo de una sociedad machista, es en realidad la gran heroína de la película.

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