28 Nov, 2017

Suburbicon

Basado en un guion de los hermanos Coen, George Clooney logra construir un microcosmos lleno de chantaje, venganza y traición

Existe una larga tradición de películas norteamericanas que satirizan la idílica paz social que, supuestamente, impera en los paraísos residenciales yanquis; lo que ellos llaman la “suburbia”. Algunas de esas películas subrayan la artificialidad de ese mundo de colores pastel (Las mujeres perfectas), otras tienen aliento pop (SOS, vecinos al ataque, Gremlins o Matinee, todas de Joe Dante), hay las que filosofan (El show de Truman) y las que enamoran (Edward Manostijeras).

Una heterogénea estirpe de autorretratos inquietantes a los que se suma ahora Suburbicon:bienvenidos al paraíso, la nueva película dirigida por George Clooney, coescrita por los hermanos Coen, que aspira a ser la más salvaje de todas. En el extremo opuesto al registro reflexivo de Buenas noches, y buena suerte –que sigue siendo la mejor película de Clooney– ‘Suburbicon’ se presenta como un brutal exabrupto contra el odio racial. Una intolerancia que, según la tesis del film, se halla enquistada en una Historia de violencia (americana) que se extiende hasta nuestros días.

Dos historias

Furiosamente política, la película convierte la América residencial de finales de los años 50 en el escalofriante reflejo de la actual América de Donald Trump. De hecho, el film tiene su propio doble origen. Por un lado, el interés de Clooney por el caso de William y Daisy Meyers, un matrimonio afroamericano que, en 1957, fue increpado y asaltado por una jauría de ciudadanos (blancos) cuando se atrevieron a mudarse a un “suburbio” de clase media-alta (una historia que el actor/director descubrió a través del documental Crisis in Levittown). Por el otro, un viejo guión de los hermanos Coen, escrito en los años 90, en el que una serie de desventurados personajes se veían condenados por sus calamitosas decisiones. De la confluencia de ambas fuentes surge un ácido y cínico retrato de la cara más monstruosa del espíritu yanqui, perseguido el fantasma de la esclavitud y aferrado a valores como el proteccionismo, el orgullo patriarcal y la avaricia.

Exabrupto contra el odio

Retrato descarnado de la autodestrucción del sueño americano, Suburbicon podría figurar como el nuevo capítulo de la saga de la estupidez americana que los hermanos Coen llevan décadas perpetrando. Más próxima a la fantasmagoría siniestra que a la comedia costumbrista, esta historia se recrea en la fría amoralidad de sus personajes (con Matt Damon y Julianne Moore como matrimonio a la deriva), capaces de acabar con toda la realidad que les rodea –incluidos niños inocentes– en la persecución de sus fantasías de éxito y poder.

Cautivado por la fuerza catártica del cine como pintura negra, Clooney decide hacer una película que destapa sin clemencia los males de la América blanca, una película hecha para demostrar la burbuja en la que viven algunos en Estados Unidos con su falsa tolerancia y oculto racismo. Así, ¿podría ser que las nobles intenciones de Clooney no hagan otra cosa que acrecentar la brecha abierta entre las dos Américas? Como breve contrapeso a la oscuridad del film, Suburbicon contiene la imagen de dos niños, uno blanco y uno negro, demoliendo inocentemente las barreras del odio racial.