Sobre Máscaras, de Leonardo Padura

“Es delirante el personaje de Mario Conde, pues trasluce, como un cristal, a un hombre hecho en estas latitudes llenas de sol y ambiente salado"
Sobre Máscaras, de Leonardo Padura Sobre Máscaras, de Leonardo Padura

Por Borka Sattler

Uno de los deleites de mi juventud fueron las novelas policiales. Realmente fue un contagio de mi madre, que para huir de álgidas situaciones se refugiaba en su cubículo privado, un sofá verde y mullido con un libro entre sus manos. Ella era una gran lectora, la historia de Francia, su preferida, y Alejandro Dumas, Victor Hugo y Gustave Flaubert, sus héroes. Pero las novelas policiales eran su pasión. Su colección de libros abarcaba varias repisas y entre ellos definitivamente al autor maestro en el género policial, Edgar Allan Poe, así como el creador de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle, y todas las novelas de Agatha Christie. También Irving Wallace estaba entre ellos, aunque todas sus novelas no pertenecen a este género. Yo me robaba los libros por la noche y al amanecer los devolvía. Creo que a eso obedece mi insomnio y se me quedó la costumbre de un sueño de cuatro horas. Me acuerdo que el primer libro que robé de esa repisa de ensueños, cuando tenía doce años, fue Madame Bovary. Mi madre me descubrió, me lo arrancó de las manos y me quedé con la inquietud de seguir conociendo a Emma. Ahora es mi libro de cabecera.

Volviendo al género policial y a libros en los que no fui descubierta, se despertó en mí el impulso de la intriga, el de querer indagar, el descubrir acontecimientos y llegar a conclusiones. La sorpresa y lo escondido me colmaron. Una de las lecturas recientes sobre este género fue Una pasión latina, novela de mi amigo Miguel Gutiérrez de la cual quedé sorprendida en páginas que me atraparon.

En este caso especial quiero referirme a Leonardo Padura, escritor cubano nacido en La Habana en 1955 y reconocido como una estrella en la literatura actual. Ganador de varios premios literarios y autor de ensayos, cuentos y novelas, pero sobre todo por su serie de libros de novelas policiacas cuyo personaje es el detective Mario Conde. En esta serie se encuentran obras como Pasado perfectoVientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño, Adiós Hemingway, La neblina del ayer y La cola de la serpiente.

Máscaras (1997) cayó en mis manos y la verdad que me quitó el sosiego, quebró mi tranquilidad. ¿Será por qué después de muchos viajes por las Américas y Europa descubrí un lugar privilegiado en el mundo que se llama Cuba, hace dos años, a la que ya he regresado cuatro veces, o que mi pasión por el género policial de adolescencia ha revivido?

 

Mario Conde

A veces el personaje de la novela acapara a su autor. Es el caso de Flaubert, en que Emma Bovary es más real que él. Así el personaje de Leonardo Padura, en esta novela Máscaras, se mimetiza con su creador y eso se siente, pues no solamente Mario Conde es un detective sino un pensador, un escritor que va revelando su espacio, sus vivencias buenas y malas y hace de La Habana el escenario perfecto de su vivir.

El asunto de la novela es un caso de la muerte de un travesti que aparece en el Bosque de La Habana, hijo de un diplomático cubano importante, y Mario Conde es asignado a su investigación. Así se relaciona el detective con una caterva de gente que nunca se imaginó.

No solamente es la trama de la novela que no te deja desprenderte de las páginas del libro, sino la personalidad de Mario Conde, un detective caribeño, solitario y lleno de prejuicios que tiene por amigo y confidente al Flaco, que en ese momento es gordo y está en silla de ruedas.

Una escena que me cautivó es cuando Mario Conde sale de su casa y ve la esquina donde jóvenes juegan a la pelota, así como cuando él tenía esa edad. Convenciéndolos quiso jugar con ellos. Leonardo Padura describe ese momento magistralmente y es lo que siente un hombre maduro ante la juventud. Recelo, miedo, hacer el ridículo y Mario Conde rehúsa de la acción. Eso muestra de cuerpo entero al personaje.

En otro momento de la novela, cuando el detective se sincera con el Marqués, el dramaturgo, él dice que su postergada afición artística por escribir es inadecuada para alguien que tiene el oficio de la represión y no a la creación, a las verdades sórdidas y no a la fantasía.

Es delirante el personaje de Mario Conde, pues trasluce, como un cristal, a un hombre hecho en estas latitudes llenas de sol y ambiente salado, colmadas de angustias y felicidades. Esas felicidades que contrapesan necesidades del cuerpo con las del alma.

Esta novela Máscaras sostiene que la cara que tenemos es una fantasía y que al ponerte una máscara te libra de hipocresías, ella revela tu verdad interior, es un filtro de tu verdadero yo y es un arma para defenderte, en ocasiones sórdidas y en otras reconfortantes.

El cuerpo tiene fin, es vulnerable, pero hay algo que no se acaba, es el espíritu que no necesita de materia y sigue constante. Máscaras es una novela abrumadora pues refleja lo profundo y perdurable del alma. Leonardo Padura acaba de publicar otra novela de la serie sobre Mario Conde: La transparencia del tiempo. Corro a buscarla.

 

 

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