…Y se soltó el moño

Viento de palabras
…Y se soltó el moño …Y se soltó el moño

Por Borka Sattler

 

Era una mujer conservadora, de esas de cabellos recogidos con cintas negras o peinetas, que ataban su pelo y lo escondían.

Era cauta y tranquila, esperaba la vida en vacilares constantes. Su voz cual susurro de ave ofrecía matices de coloratura tenue y sus movimientos precisos contrastaban con un talle sinuoso en perpetua vigilancia.

Era una dama de altivez controlada, nada en ella confesaba abandono, ni insinuación ni inquietud.

Llena de virtudes, su opinión era ley, pesares y tristezas se desvanecían

De su rostro apacible, la amargura y angustia no dejaba asomar.

Mujer de fortaleza inaudita, de rectos principios, de actitudes opuestas a alguna debilidad.

Con ropas oscuras cubría su cuerpo, sin dejar a la vista sus formas de diosa. Unos senos turgentes aprisionados, presos. Unas piernas espléndidas que no dejaba ver. Una cintura estrecha oculta con holguras, caderas voluptuosas disimulaba bien.

Sus ojos soñadores circundados por pestañas espesas, siempre estaban perdidos en su intimidad y su boca sabrosa como ciruela madura, tapaba muchas veces con manos temblorosas, que impedían una risa o alguna expresión.

De andares sigilosos, lentos y gatunos, buscaba en el silencio el refugio perfecto y era la penumbra su amiga y compañera. Y cuando la rodeaba el gentío se metía en sí misma, desaparecía del mundo y no se notaba su extraño existir.

¿Quién la viera ahora cruzando el otoño de su larga vida?

Eleva el alma a otra dimensión, fijando los ojos en el que le gusta, llenando su boca de palabras que conducen al infinito de la sensación.

Fue una noche de junio, que cambió su vida y se soltó el moño aquella mujer dejando el cabello volar por el aire, igual que sus pensamientos que estaban cautivos.

Ahora vaga por largos caminos en mil situaciones, en los laberintos del mundo de hoy.

De un momento a otro varió sus vestidos teñidos de penumbra y de colores vivos adornó su cuerpo, escotes profundos, faldas ajustadas, pintura en el rostro, siempre desteñido.

Dando rienda suelta a sus emociones: risas cristalinas, lágrimas a veces. Quedó en el olvido la melancolía que llevó en el tiempo, cual pesada cruz; y miró la vida, se sintió mujer.

Ilusiones claras llenaron su alma, creó fantasías, se vio como diva la protagonista de importante historia, Margarita de Dumas, Carmen de Bisset, o la Perricholi del virrey Amat. ¿Y cuál fue el motivo de todo ese cambio, que dio tanto que hablar?

Fue un amor secreto que en junio llegó, se enroscó en su espíritu, horadó su cuerpo y la despertó cambiando el ritmo que fue su rutina, recapacitando que se va la vida en cada minuto, en cada segundo. Que no debe escaparse ni desperdiciarse.

Ese amor profundo que lacera la carne con dolor sublime le llegó a destiempo, pero le llegó y tuvo las agallas, llena de ilusión de soltarse el moño aquella mujer.

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