Romeo Y Julieta: una versión clown

“Calificativos como ‘hermano perdido de los hermanos Yaipén’, ‘color puerta’, y demás agravios que no suenan para nada graciosos"
Romeo Y Julieta: una versión clown Romeo Y Julieta: una versión clown

Versionar Shakespeare es uno de los grandes retos de todo elenco teatral. Por supuesto, hay un sinfín de adaptaciones y cada uno con sus revisiones, ajustes, resaltados respectivos. Es una historia de amor modélica además de sumamente sublime y que está instalada en la memoria colectiva. Por lo tanto, un gran reto es cómo contar divertidamente una de las formidables tragedias occidentales. Justamente por ser un relato de la inviabilidad del amor es que conmueve. Además, el fraseo poético del dramaturgo inglés tiene una fama incontestable. La poesía rimada trasunta cada escena shakesperiana.  Inevitablemente es una historia con muchos elementos para ser un paradigma. Y así fue. De ese modo, bajo la versión y dirección de Laura Silva, se cuenta clownescamente la leyenda. Silva se presenta como una experta en el teatro del maestro anglosajón, incluso entre sus credenciales está ser miembro de la International Shakespeare Association. En pocas palabras, permanece atenta a las investigaciones y proyectos sobre el celebrado autor. Ha hecho, también en formato clown, Ricardo III, aunque no estrenada en Lima. Por lo tanto, se entiende que conoce el profundo mundo shakesperiano.

Concesiones por el aplauso

Consideremos que las convenciones del clown exigen una elasticidad tanto en quienes encarnan los personajes como en el orden y jerarquía de las acciones siempre atravesadas por la autoconciencia de sus propias personalidades. La ironía inteligente evita la payasada vacua. Ese esfuerzo por adecuar las codificaciones con la fábula amorosa se acota en la propuesta. Julieta (Valeria Escandón) es alta, flaca y desgarbada, Romeo (Daniel Cano), chato, cantarín y cursi. Por supuesto, la bronca entre Montescos y Capuletos, es un asunto barrial. Sin embargo, es demasiada larga por las innecesarias acotaciones y concesiones al público. Es verdad que la interactividad es parte de las reglas del juego, pero ese coqueteo, que debiera ser natural, puede caer en el populismo sino es controlado por la pertinencia. En esta versión, hay una tentación a preocuparse por recibir el fervor popular para continuar con el desarrollo. Las concesiones por el aplauso pueden ser contraproducentes al planteamiento. Y eso es lo que ha pasado.

Racismo

A pesar de que la figura física de la protagonista es aprovechada y exagerada (eso de hacer de gimnasta a cada rato es un exceso incluso en este formato), la desfavorable dicción de la actriz dificulta el impacto de las acciones. Cuesta entender lo que dice de manera fluida. Al comienzo uno puede creer que es parte de la parodia, pero conforme suceden los eventos es evidente el aprieto. Renato Pantigozo (Fray Lorenzo/ Benvolio /Príncipe de Verona) es el narrador y el que conduce el hilo de la love story con mucha atingencia. No obstante, por el intento de ser graciosos con las facciones y el color de piel, la troupe le achaca adjetivos sumamente chocantes dignos de los cómicos ambulantes. Es lo menos divertido. Le dicen calificativos como “hermano perdido de los hermanos Yaipén”, “color puerta”, y demás agravios que no suenan para nada graciosos, sino que se inscriben en la tradición del racismo peruano. Muchas veces queremos hacer pasar por un inocuo chiste lo que es una ofensa brutal y con una historia durísima de discriminación y exclusión. Es lo más terrible de la puesta. La actuación de Dusan Fung (Señor Capuleto/Teobaldo) es más de una tragedia. Es por eso que cuando la puesta tiene paréntesis del drama original y tiene esa aura clásica esperada, se alcanza un impacto excelso. Son fragmentos de brillo. Lo mejor de esta versión clown son esos instantes trágicos.

Un final incoherente

Las obras deben explicarse por sí mismas. Por ello el final es incoherente con esa tesis básica de toda puesta. En una suerte de coro moralista, la tropa teatral da un discurso pedagógico sobre el triunfo del amor y plantea un imaginario final feliz. O sea, subvierte la base misma del teatro shakespeariano.  Es como si la historia misma careciera de sentido. Una postverdad. Como si se temiera el dolor, como si engañándonos a nosotros mismos desapareciera el pesar, la pérdida, la imposibilidad. Ese intento de parábola es pretender fabricar una quimera errónea respecto a la propia razón de la existencia de Romeo & Julieta. Lo cual, hace dudar, si la directora a comprendido a Shakespeare, en definitiva.

 

FICHA

Autor: William Shakespeare.

Dirección y versión: Laura Silva.

Actúan: Daniel Cano, Valeria Escandón, Dusan Fung, Giuliana León, Renato Pantigozo y Luciana Arispe.

Lugar: ICPNA de Miraflores.

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