16 Abr, 2018

OPINIÓN | Guido Águila Grados: ¿Relatos salvajes?  

Relato 2: Un microempresario llama a los teléfonos de atención de una entidad pública para solicitar información para un trámite crucial.
OPINIÓN | Guido Águila Grados: ¿Relatos salvajes?  
OPINIÓN | Guido Águila Grados: ¿Relatos salvajes?  

Relato 1: Una persona es víctima de asalto de sus pertenencias por lo que acude a la dependencia policial requiriendo apoyo para recuperar su celular nuevo y billetera (con su quincena). En mesa de partes los encargados le señalan que debe esperar. Pasados treinta minutos el joven pierde la esperanza y se retira en silencio pensando en la próxima cuota del celular y con qué dinero pagará esta deuda.

Relato 2: Un microempresario llama a los teléfonos de atención de una entidad pública para solicitar información para un trámite crucial. Luego de haber marcado varias combinaciones numéricas que lo llevaron por un tour a casi la mitad de las oficinas de la entidad, al final le señalan: “en estos momentos nuestras líneas están ocupadas, intente más tarde”, quedándose perplejo ante una fría contestadora y sin la valiosa información.

Relato 3: Una mujer, con su hijo en brazos, ha llegado sesenta minutos antes de que se abran las puertas para la atención en el módulo de justicia, esperando ser la primera que el juez o especialista de su proceso de alimentos la atienda. Sin embargo, se anuncia que el juez no llegará hoy y tampoco el especialista porque no hay sistema. Otro permiso solicitado en el trabajo que resultó inútil.

Con estas breves historias recordamos ‘Relatos salvajes’, película argentina (2014) que cuenta seis historias de personas perdiendo los estribos ante situaciones diversas; la cuarta historia se titula “Bombita”: presenta a un ingeniero –que maneja explosivos– que sufre los embates burocráticos al estar convencido de la injusticia por el remolque de su auto y posterior pago de multa, además de afrontar problemas personales. Habiendo excedido sus límites coloca una bomba en su vehículo y adrede hace que lo remolquen haciéndolo detonar destruyendo parte de las instalaciones de la dependencia pública encargada del remolque. El efecto final en la sociedad es que “Bombita” es un héroe nacional a pesar de encontrarse preso.

La Constitución Política del Perú señala en su artículo 39° que todos los funcionarios y trabajadores públicos están al servicio de la Nación. Bajo esta línea constitucional, el Estado ha seguido apostando por la simplificación administrativa, entre otras acciones, para desburocratizar a las instituciones públicas en sus procedimientos administrativos. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, no alcanza. Y muy al margen de lo que se pueda avanzar, hay algo que es imperativo: el servidor y funcionario público debe brindar al ciudadano una atención con calidez, respeto y eficiencia.

No debemos olvidar que tanto funcionarios y servidores tenemos obligaciones y deberes para con la Nación traducidos en las diferentes manifestaciones de la administración pública. Pensemos más en nuestro público usuario, aquel que solicita y espera determinada respuesta eficiente del Estado. Evitemos “relatos salvajes”, no deseamos potenciales “Bombitas” en nuestra sociedad.

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