14 Ago, 2017

Raúl Mendoza Cánepa: Tránsfugas

Es un tema de elección y responsabilidad individual saber con quién se postula y las consecuencias probables de hacerlo.

Por: Raúl Mendoza Cánepa

Cuando se escuchan los argumentos de quienes se oponen a la “ley antitráns­fugas” fluyen dos discursos. Por un lado, “sí, fortalezca­mos a los partidos” y, por otro, “el legislador no se debe a su partido sino a la Nación, a su voto o a su con­ciencia”. En un escenario tal, la curul pasa a ser propiedad privada de quien la financió. No es casual que durante los últimos años la fragmenta­ción haya destruido el ideal del partido sólido.

Ya sin Montesinos, el pro­blema ha sido una constan­te desde el 2001. Ejemplo: en el Congreso del 2006 no pasaron tres años y tres gru­pos se disgregaron en diez. Algunos jugaban con los rótulos para desaparecer en el siguiente período. Es un fenómeno de la política criolla, del cual parecen sal­varse los partidos antiguos e institucionalizados.

Aunque al momento de escribir estas líneas, el TC está presto al voto, resulta discutible el argumento del le­gislador Quintanilla, cuando sostiene que la ley contra el transfuguismo “viola la libertad de organización, así como el derecho de libertad de conciencia”. Salvo que el partido mute de doctrina o sea presa de un remolino de suspicacias sobrevinientes, la única razón por la que un congresista se aleja de su organización es porque la utilizó como vehículo para sus fines propios, sintién­dose legitimado por el voto preferencial, supuesto bá­sico por el cual se cree que el escaño es patrimonio de quien invirtió su peculio en él. Así, no es novedad que se sancione al tránsfuga. En el Perú existen treinta proyec­tos de ley desde el 2001 (ha sido una inquietud plural) y en el mundo normas di­versas que castigan a quien migra (Portugal, Brasil, Co­lombia, Bolivia…).

Es un tema de elección y responsabilidad individual saber con quién se postula y las consecuencias probables de hacerlo. También lo es co­nocer que una parte de los votos obtenidos no proceden del voto preferencial sino del partido que nominó al aspi­rante. Si un cambio puede lle­varnos a abandonar el trans­fuguismo como asunto de discusión, es fortalecer la de­mocracia interna mientras se elimina el voto preferencial.

Si bien es importante que el partido promueva la mística interna y la lealtad se gane, es sensato asumir que existe una contradicción entre el libre flujo de congresistas entre escaño y escaño, y el ideal que se proclama de partidos sólidos y duraderos. No se pue­den proponer dos categorías que devienen finalmente en divergentes.

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