17 Jul, 2017

Raúl Mendoza Cánepa: Pontífices

En la política los puentes que los “pontífices” montan no se construyen con granito sino con desprendimiento y continuidad.
keiko ppk

Por: Raúl Mendoza Cánepa

Si hubiéramos seguido las recomendaciones de Roberto Abu­sada (leer en EC, “PPK, pontífice”, 14/6/2016) nos hubiéramos ahorrado muchos desencuentros. “Pontífice”, señalaba Abu­sada, es “el que tiende puentes” y ese fue el consejo que PPK y Keiko debieron escuchar. Abusada lo escribió cuando PPK estaba a un mes de asumir el poder: “[…] el escenario político que la votación popular ha configurado requerirá de PPK algo más que un simple ‘voltear la página’. Subsisten las heridas que el contendor ha sostenido. Y no se trata de un contendor cualquiera, sino de quien tiene una fuerza congresal mayo­ritaria y también una organización nacional considerable. Fuerza Popular enfrenta una tarea tanto o más difícil: cami­nar sobre la delgada línea que separa su ya anunciada férrea oposición y el torpe obstruccionismo suicida”.

PPK no se enfrentaba a un partido débil sino a una mayoría disciplinada y a un mando herido y, por tanto, desconfiado. Ser gobierno obliga a una hábil diplomacia política, y ser ma­yoría a demostrar que la camiseta de los valores superiores (como señala Diego Macera en EC) está por encima de cual­quier otra, inclusive la partidaria. Si el fujimorismo evadió la tentación de legislar en favor de liberar a Alberto Fujimori y se sacudió honrosamente del “uso” del poder con fines pro­pios, bien puede llevar ese desprendimiento a Palacio y “ten­der puentes” permanentes con el Gobierno. En la política los puentes que los “pontífices” montan no se construyen con granito sino con desprendimiento y continuidad.

La usanza de la buena política es que se puede confiar en ella, sin sinuosidades. Sin un desprendido diálogo permanen­te y confiable, podríamos cortar lo ganado en empleo y lucha contra la pobreza. Sensible es el nervio de la economía. Un des­encuentro político, mucho ruido, pueden ralentizar las inver­siones. Nadie aprieta el acelerador en serpentín estrecho. Sin confianza no hay inversión, tampoco crecimiento y futuro.

Si en 2021 la gente percibe que el conflicto y el diálogo trunco contribuyeron a su lacerante desempleo, al deterioro de su vida y a la reversión de su esperanza, ¿a quiénes culpará? Solo hay dos fichas sobre la mesa. La responsabilidad de los “pontífices” es destrabar la política para que la economía se destrabe y reactive; lograr que la confianza sea un eje dinamizador y difuminar por fin el miedo y la sospecha. No hay lugar para el repliegue.

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