19 Mar, 2018

Poncho Sánchez: manos de fuego

“John Coltrane, Miles Davis, James Brown y Wilson Pickett abrieron sus oídos a la música y se entregó a ella a tiempo completo"
Poncho Sánchez: manos de fuego
Poncho Sánchez: manos de fuego

Si viviéramos en un mundo regido por el buen gusto, el latin jazz sería el género con mayor presencia en las radios latinas, como la evolución natural del son, la guaracha, la salsa dura. Sus ritmos, poderosos y orgánicos, encarnan la verdadera alma del inmigrante latinoamericano en EE.UU., su picardía, ánimo festivo e identidad como grupo étnico que comparte historia, idioma y dificultades para surgir en medios ajenos y hostiles, a contramano de la versión disforzada y chabacana de sensualidad y actitud delincuencial que han impuesto el reguetón, la salsa cubana, la bachata y el latin pop, entretenimientos ligeros para masas entregadas al escapismo y la lascivia consumista.

Pero no es así. El latin jazz es, actualmente, una subdivisión que atrae a minorías de melómanos y asistentes a festivales en las que se juntan, como consecuencia de una globalización confundida por perniciosas segmentaciones socioeconómicas, un acartonado espíritu elitista con la sensación de haber sido injustamente aislados del gusto popular. Poncho Sánchez, en ese mundo paralelo e imaginario, debería ser un dios. En la realidad, es un perfecto desconocido para los grandes públicos que regalan sus aplausos a artistas de moda y poca monta.

Manos de fuego

Sánchez es uno de los más grandes congueros de la historia de la música latina, después de Chano Pozo, Ray Barretto y Ramón ‘Mongo’ Santamaría. Sus manos de fuego, activas desde mediados de los años setenta, convocan a las divinidades africanas que dieron forma a la negritud de América Central y el Caribe, con una precisión y fuerza que escarapelan la piel. Idelfonso ‘Poncho’ Sánchez nació en Laredo, Texas (EE.UU.) de padres mexicanos, pero por sus venas musicales corre sangre cubana y boricua, como aquellas primeras melodías del latin jazz rudimentario que su padre le enseñó en casa, en el suburbio de Norwalk, al sur de California, donde creció y conoció a los grandes del jazz y el soul: John Coltrane, Miles Davis, James Brown y Wilson Pickett abrieron sus oídos a la música y se entregó a ella a tiempo completo, aprendiendo de forma autodidacta a tocar guitarra, flauta, timbales y congas, a las que finalmente se quedó pegado para siempre.

Durante siete años trabajó junto al vibrafonista y compositor norteamericano Cal Tjader. “Aprendí muchas cosas de él”, dice Poncho. “Era muy elegante y educado. Y cuando tocaba, lo hacía de manera hermosa”. Luego de la muerte de Tjader, en 1982, Poncho Sánchez inició una brillante carrera discográfica, publicando excelentes discos con Concord Picante, el sello más importante del jazz latino. Además de las congas y otras percusiones, Poncho es un notable cantante. El cover de Cold sweat, clásico de James Brown de 1967, que grabó para Chile con soul, su séptimo disco de 1989, es solo una muestra.

Arrebatado sonido

En las siguientes tres décadas se convirtió en rostro inconfundible de la escena latin, con su tradicional boina y esa espesa barba negra, hoy blanqueada por el paso del tiempo. Por más de veinte años estuvo acompañado en su orquesta por sus amigos de barrio, los hermanos Tony y Ramón Banda (bajo y timbales), los pianistas Charlie Otwell y David Torres, el percusionista y cantante José ‘Papo’ Rodríguez; y una intensa sección de metales integrada por Arturo Velasco, Francisco Torres (trombones), Sal Cracchiolo (trompeta), Scott Martin y Gene Burkert (saxos). En el álbum en vivo A night at Kimball’s East (1992) Poncho y sus barbudos hacen gala de su arrebatado sonido.

Sus álbumes El conguero (1983), Papá Gato (1986), Fuerte (1987) y Cambios (1990) exhiben el profundo sabor y elegancia de su conjunto, que atrajo a los amantes de la salsa dura y de salón, quienes disfrutaban más de sus descargas inspiradas en la tradición musical cubana que la empalagosa salsa sensual y el pop latino proveniente de Miami. En su discografía, que actualmente alcanza los treinta títulos, composiciones propias se combinan con arreglos especiales de standards del jazz, soul, funk y ritmos afrocaribeños, desde bolero y cha-cha-chá hasta rumba y guaguancó. En los noventa produjo, siempre para Concord Picante, discos como Soul sauce (1995), Freedom sound (1997) o el concierto Latin soul (1999) que ganó un Grammy en la categoría Mejor Presentación Latin Jazz.

Poncho Sánchez (66) sigue tocando sus congas, al margen de la industria comercial. En el 2001 participó en Jam Miami: A celebration of Latin Jazz, donde compartió escenario con Chick Corea, Arturo Sandoval, Dave Samuels, Néstor Torres, Dave Valentin y Óscar D’León, con quien interpreta la salsa Ven morena, incluida en su décimo segundo álbum Para todos, de 1993. Uno de sus últimos lanzamientos, Chano y Dizzy (2011), rinde tributo a dos de sus mayores influencias, el conguero cubano Chano Pozo y el trompetista norteamericano Dizzy Gillespie, con temas como Tin tin deo, Manteca, Guachi guara, entre otras composiciones de esta dupla pionera del género. Según su página web www.ponchosanchez.com su agenda de conciertos está llena hasta mayo de 2019, por lo que nada parece detener a esta máquina de ritmo para quien “el latin jazz es la mejor música del mundo”. Escuchando canciones como Co co my my, Bésame mamá o Not necessarily, uno entiende esta última frase a la perfección.