11 Jul, 2017

Óscar Butteler: Candidatos como cancha

Otra cosa preocupante es que los partidos políticos con representación parlamentaria no tienen cuadros candidateables.

Por: Óscar Butteler

El paisaje urbano de la capital está cambiando con paredes pintarrajeadas y paneles que van poblando la vista de los li­meños con las caras o nombres de prematuros candidatos a la alcaldía, o sea, han aparecido candidatos como cancha. Esto se ha acentuado porque la se­mana pasada acabó la legisla­tura y no se aprobó ninguna modificación constitucional que restituya la reelección de alcaldes, y además venció el pla­zo para que una persona pueda renunciar a un partido si es que se quiere postular por otro en el 2018.

Esto ha dejado algunas cosas curiosas, como por ejemplo las renuncias masivas a algunos partidos que han perdido su atractivo municipalista ya sea porque sus candidatos natu­rales (actuales alcaldes) ya no pueden postular o porque sus flamantes candidatos no levan­tan ni un suspiro entre los elec­tores y están atrapados entre muros y peajes.

Otra cosa preocupante es que los partidos políticos con repre­sentación parlamentaria no tienen cuadros candidateables. El Apra luego de un accidentado congreso va a tener muchos compañeros disconformes y entre su línea oficial no hay quien dé la talla para ir a Lima.

El fujimorismo se debate entre un cisma (como dicen unos) o un sainete (como dicen otros) entre los hermanos Fujimori, para Keiko arriesgarse a lanzar candidato en Lima podría ser sellar una quinta derrota elec­toral que la aleje del 2021. De otra parte un sector del ppkau­sismo piensa en un ministro para Lima; pero el otro sector no lo quiere, y como va el Go­bierno cualquiera que vaya será un bonzo. Por su parte APP y AP no han dicho nada y el Frente Amplio tiene bronca interna, aunque siempre habrá alguien que ocupe el espacio del progresismo.

Hay varios candidatos sin partido pintando Lima y reco­lectando firmas, y que cuando no logren inscribirse aplicarán el sistema de vientres de alqui­ler con los micropartidos aún vigentes, lo que demostraría su poca conexión con la gente, pues si uno tiene empatía no debería serle difícil conseguir 200 mil firmas y organizar 23 comités distritales. Sin embar­go, para muchos eso no impor­ta porque presentarse a una alcaldía es como comprar una tinka o ser el mayordomo de la fiesta patronal, empujados por una legión de marketeros y asesores vendiendo humo, como si ser alcalde fuera un concurso de popularidad y no una res­ponsabilidad de gestión pública. Por eso tenemos candidatos como cancha.

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