OPINIÓN|Nicolás Lúcar: Matar a Chávarry

La obsesión por Chavarry resulta a estas alturas delirante y ayer fue más que evidente.
Foto: Miguel Paredes Foto: Miguel Paredes

El presidente Martin Vizcarra convocó a una conferencia de prensa al finalizar el Consejo de Ministros, y 4 de los 5 periodistas a quienes se les dio la palabra para hacer preguntas, pretendieron sacarle al Presidente una nueva declaración contra el fiscal de la Nación, Pedro Gonzalo Chávarry. Patinaron. Vizcarra dijo secamente que sobre eso ya había hablado y paso a otro tema. La obsesión por Chavarry resulta a estas alturas delirante y ayer fue más que evidente.

Todo lo que usted quiera decir en contra del fiscal de la Nación está permitido. No necesita acreditarlo, ni comprobarlo, ni corroborarlo. Usted simplemente lo dice y ya. Todos los ataques están permitidos.  Que plagio su texto para el posgrado. Que hizo trampa electrónica para su ratificación como fiscal. Que es fujimorista. Que es aprista. Que era parte de la organización delictiva ‘los cuellos blancos’. (Aunque nadie ha podido decir qué colaborador o testigo lo implica, ni especificar cuál era su  papel en la organización criminal que liberaba narcos, protegió políticos y empresarios corruptos y manipulo nombramientos en el Consejo Nacional de la Magistratura y a partir de ello de jueces y fiscales).

Todo se da por cierto de antemano, mientras sea contra Chavarry vale.El objetivo es uno solo: que salga de la Fiscalía de la Nación.No importa lo que esté haciendo desde su cargo. No importa si unificó el Equipo Especial del caso Lava Jato con el de Lavado de Activos. No importa si puso a la cabeza del mismo a Rafael Vela, un hombre intachable. No importa si el equipo se fortaleció con los fiscales Juarez Atoche y José Domingo Perez. No importa que gracias a esta decisión se destrabó la colaboración con Odebrecht. No importa que gracias a este desbloqueo sabremos pronto muchas verdades que algunos quisieran que no conozcamos.No importa que mantuviera en el puesto a José Domingo Perez que metía en la carcel a Keiko Fujimori, mientras atacaba al fiscal de la Nación que le permitía hacerlo.

No importa que se impidiera la fuga de PPK, que pretendía refugiarse en Estados Unidos.Lo que está claro es que este ‘chavarricidio’ es un asunto de vida o muerte para algunos.A estas alturas resulta obvio que, más allá de los tontos útiles de siempre, los más interesados en que Chávarry caiga son el Grupo El Comercio y PPK.Y esto no tiene que ver con el nuevo fiscal de la Nación, sino con el anterior.El Comercio y su líder José Graña, la versión peruana de Marcelo Odebrecht, querían que Pablo Sánchez se quede. Y es que con él habían logrado tener la situación bajo control.

Siendo amables con él, habría que decir que el exfiscal de la Nación no estuvo a las altura de las circunstancias. Permitió que Hamilton Castro, a la cabeza del Equipo Especial Lavajato, actuara con una lentitud que resulta sospechosa.Que se permitiera que Odebrecht y OAS se deshicieran de todo o parte de su patrimonio en Peru. Que Alejandro Toledo fugara del país, gracias a tener acceso privilegiado a información sobre la orden de captura que le esperaba. Que se expusiera a un colaborador eficaz clave como Jorge Cuba, cuya información era decisiva para involucrar a Alan García. Pero lo más grave de todo, que se pusiera el acuerdo de colaboración con los brasileños al borde al colapso. Pero hay más.

Con el cuento de la “responsabilidad política” se contuvo la información abrumadora que implicaba al entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski con la red de corrupción de Odebrecht y sus consorciados.Casi dos años después del anuncio de Odebrecht de que entregaría información a la justicia peruana, PPK toma cafecito con el Presidente en Lima, José Graña pasea por Madrid, Alejandro Toledo se emborracha en California, ¿Susana Villarán y Luis Castañeda?, bien gracias, igual que ‘el club de la construcción’, que están todos libres. Aquí no pasó nada y esto es lo que algunos quieren que no cambie.Los peruanos estamos  en medio de una guerra  a muerte entre la impunidad y la justicia, entre la corrupción y la decencia.

A Chávarry hay que medirlo y pesarlo en función de su actuación en esta guerra. Lo que debemos juzgar son sus actos, y si estos están sirviendo al objetivo de que por fin en el Peru haya justicia y de que paguen todos los que tengan que pagar por esta corrupción que ha corroído la sociedad peruana y nos ha robado el presente y el futuro.Estamos mirándolo… y esperando que haga lo que él sabe que tiene que hacer, así como lo supo Pablo Sánchez en su momento y no se atrevió.

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