OPINIÓN|César Guzmán: El doble rasero

La izquierda resalta con morbo las riñas al interior de las bancadas de PPK y de FP, pero no,las broncas internas del Frente Amplio, que revelan incapacidad de vivir en paz.
Verónika Mendoza, lideresa del Frente Amplio (Foto: Jorge Cerdán) CONFERENCIA FRENTE AMPLIO VERONIKA MENDOZA

Por: César Guzmán

 La izquierda peruana es cosa seria. Pocas experiencias pue­den ser tan llamativas como su forma de medir en forma dis­tinta fenómenos análogos, en fun­ción únicamente al hecho que se trate de alguien afín a ellos o de su enemigo político. En buena cuenta, ante un mismo evento, si involucra a mi amigo, ‘pasa piola’; si es mi enemi­go, hay que satanizarlo y embarrarlo como se pueda. Ejemplos hay como para hacer un libro:

A Luis Castañeda le están ca­yendo con todo, sugiriendo un se­cretismo en el manejo de la gestión municipal y subestimando cualquier obra que realice, alegando con sin­gular descaro que “está terminando lo que Villarán inició”. No tuvieron el mismo celo para juzgar la cala­mitosa gestión del Frente Social, sin precedentes en el rechazo de la ciudadanía (lo cual es un hecho ob­jetivamente verificable) y una alcal­desa que será recordada no por sus obras, sino por su ineptitud.

La izquierda resalta con inoculta­ble morbo las riñas al interior de las bancadas de Peruanos por el Kambio y de Fuerza Popular. Sin embargo, disimula las broncas intestinas del Frente Amplio que confirman que – como lo demuestra nuestra historia desde las épocas de ‘Izquierda Uni­da’– son incapaces de convivir en paz, toda vez que tienen instalado el con­flicto en los genes.

El 12 de octubre último, la iz­quierda guardó vergonzoso silen­cio cuando todos conmemorábamos la captura del asesino Abimael Guz­mán, y hasta una novata congresis­ta fue renuente a retratarse con un cartelito que decía “terrorismo nun­ca más”. Dos días después, reventa­ban las redes sociales y medios con­memorando un hecho igualmente ominoso –la difusión del primer vla­divideo–, pero con una clara conno­tación de ventaja política.

Al excongresista Díaz Dios lo crucificaron por tener dos denun­cias de maltrato a pesar de que lue­go fueron archivadas en el Ministe­rio Público. Sin embargo, no vi salir a nadie de la izquierda para decir algo de Gustavo Faverón, a quien se le han hecho gravísimas imputaciones de acoso sexual con pruebas más que contundentes.

El doble rasero como forma de ac­tuar: esa es nuestra triste izquierda.

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