OPINIÓN | Trata: un crimen conocido y en la impunidad, por Liz Meléndez

Situaciones similares se reportaron en otras regiones, concluyéndose que en el Perú la trata interna es un grave problema de criminalidad y de derechos humanos.

Por: Liz Meléndez

Hace poco más de diez años se publicó el “Diagnóstico sobre trata de mujeres, niñas y niños en ocho regiones del Perú”, es­tudio que fue realizado por el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. Este infor­me graficó las principales rutas de explota­ción, las modalidades de trata más comu­nes y el modus operandi de los tratantes en Madre de Dios, Cusco, Lima, Arequi­pa, Puno, Loreto, San Martín y Cajamarca.

Durante estos años se han realizado otras importantes investigaciones y estudios que, al igual que el mencionado diagnóstico, han buscado alertar al Estado sobre un crimen extendido y que afecta -fundamentalmen­te- a mujeres adolescentes y jóvenes en condiciones de pobreza.

Ha pasado más de una década y aunque no puede afirmarse que no se ha avan­zado nada, es evidente que las normas modificadas en el Congreso, así como las políticas implementadas desde el Minis­terio del Interior y el Ministerio de la Mu­jer son aún insuficientes, pues las situa­ciones de explotación continúan en las mismas modalidades y zonas que fue­ron reportadas.

Mazuco, Puerto Maldonado y Huaype­tue en Madre de Dios, fueron hace años señaladas como zonas con una alta inci­dencia de trata con fines de explotación sexual y trabajo forzado; crímenes apo­yados en la economía informal y la mine­ría ilegal. Se alertó que adolescentes entre los 14 y 18 años, estaban siendo captadas bajo engaños bien armados, para trabajar en bares, clubs y discotecas como “damas de compañía”, convirtiéndose estos espa­cios en escenarios de explotación y abuso.

Situaciones similares se reportaron en otras regiones, concluyéndose que en el Perú la trata interna es un grave problema de criminalidad y de derechos humanos.

La nefasta sentencia de absolución que emitió la Sala Penal Permanente de la Cor­te Suprema, presidida por Villa Stain, a fa­vor de la propietaria de un bar en donde -a todas luces- se estaba incurriendo en el delito de trata, no solo ha vuelto a recor­darnos que este terrible crimen ocurre a vista y paciencia de todo el mundo, sino que además goza de impunidad.

Las absurdas argumentaciones alrede­dor de esta sentencia, son una muestra de lo que pasa en nuestro país en relación a esta problemática. Lamentablemente, en toda esta maraña de impunidad son los tratantes y explotadores los que ganan, pues logran salir bien librados por la complici­dad, silencio y justificación de una sociedad racista, clasista y discriminadora en donde las víctimas terminan siendo las culpables.

 

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