OPINIÓN | Sarko Medina Hinojosa: “Racismo y la galleta de vainilla”

En redes es dable insultar al que cree, burlarse de su fe, modificar sus estampitas, sus imágenes, sus devociones, agregarles mucho Paint y profanarlas
OPINIÓN | Sarko Medina Hinojosa: "Racismo y la galleta de vainilla"

Es decir el odio avala el odio. En redes es dable insultar al que cree, burlarse de su fe, modificar sus estampitas, sus imágenes, sus devociones, agregarles mucho Paint y profanarlas,  burlarse y desearle la muerte y es más: aplaudir cuando los delincuentes los agreden, es decir es divertido ver golpear a una persona. Y lo mismo para el que no cree, hay que denigrarlo e insultarlo.

Es decir una persona no puede cambiar por su fe, porque la sociedad no tiene capacidad de ofrecerle la posibilidad de redención aún de la mayor de las violencias. Si se quiere promover el cambio de manera espiritual, independiente de la justa condena que deba recibir esa persona por sus actos negativos, pero queriendo que reacciones a través de un cambio trascendental y acompañar el mismo, hay que burlarse y desearle la muerte al que recibe la ayuda y el que la ofrece por creer en que el ser humano puede ser mejor y hasta redimirse.

Es decir hay que odiar al distinto de uno, a todo aquel que es diferente en edad, estatura, color de piel y no dice lo que quiero. Si hace un spot políticamente incorrecto, hay que decir su nombre y que muera socialmente y que su familia pague. No importa si despiden a quién sea, nos movilizamos para odiarlo, pero no damos un paso para dejar de denigrar a los demás.

Porque hay que odiar profesionalmente, como la metáfora que usó en una conversación de mi muro la escritora Liliana Flores Vega: en este país el racismo se mide por una galleta de vainilla, si el color de tu piel es más oscuro se te insulta por “cholo”, por “negro”, por “indio”, por “chuncho”, pero si es más clara se te insulta por “blanco”, por “chino”, por “ponja”, por “migrante”. Hay que odiar si ejerce tal profesión, pertenece a tal equipo, come en tal lugar, vive en cual distrito, estudia allí, sus apellidos son y largo etcétera, la cosa es que hay que odiar y odiar y odiar y odiar y odiar.

Pues no. Me rehúso a vivir odiando y destilando odio en redes porque la vida, mi vida, tú vida, vale más que el facilísimo de andar echándole la culpa a los demás de las frustraciones del día a día. Si quieres cambiar el racismo, empieza a cambiar tú, empezaré a cambiar yo, pero sin odiar, sino amar, amar, amar y amar.

 

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