OPINIÓN | Sarko Medina Hinojosa: El Emperador desnudo

El emperador somos también nosotros, andamos con la corrupción desnuda a vista del mundo entero pero no nos hacemos cargo y esperamos que otro sea el que señale con el dedo.
Emperador Arequipa Emperador Arequipa

Usé en un taller de narrativa la referencia de una canción al cuento que escribiera Hans Christian Andersen, titulado: “El traje nuevo del Emperador”. Terminamos analizando su actualidad como una metáfora a lo que nos sucede como pueblos atravesados por la corrupción. Los alumnos opinaban que eso nos pasa, que vemos la corrupción de los que dirigen los destinos de los países, pero, por diferentes razones no hacemos mucho, hasta que un niño, como en el cuento (o como ha pasado con los audios de IDL ahora y los vladivideos antes) nos dice que el emperador está desnudo, que el poder judicial está atravesado por la corrupción y, cual canción de los No sé quién y No sé cuántos, por cinco lucas (actualizado: por 10 mil luquitas) te puedes comprar un juez, un fiscal y un par de abogados.

 

El Emperador no solo son los políticos de turno, los congresistas, el presidente de paso, los poderes del Estado o el secretario de la Facultad que te hace pasar las copias de la tesis si le traes un sanguchito. Exacto, el emperador somos también nosotros, andamos con la corrupción desnuda a vista del mundo entero pero no nos hacemos cargo y esperamos que otro sea el que señale con el dedo a otros para darles de alma y con eso decir “yo no hago eso, por eso opino”. Igual nos pasamos la luz roja, no pagamos el arbitrio, si podemos nos colamos saludando a un amigo en la cola de Essalud, pisamos ese sol que vemos en el piso para luego recogerlo sin preguntar si a alguien se le cayó, no vamos a las charlas del colegio de nuestros hijos por flojera concreta y no pasamos la pensión o nos la gastamos en cualquier cosa menos en los zapatos que se reclamó.

 

El problema no se soluciona solo marchando. El cuco está debajo de la cama de cada uno y no se irá por más que gritemos fuerte. Porque el monstruo habita allí, en ese rincón que no quiere dejar el facilismo de solo criticar y no hacer, de corromper, de saber que el Emperador está desnudo y hacerse de la vista gorda.

 

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