OPINIÓN | Raúl Mendoza: Recuperar el tiempo

El Estado peruano es un dique que impide la movilidad de recursos de arriba hacia abajo, un dique que contiene miles de proyectos de infraestructura.
Pedro Pablo Kuczynski, electo presidente de la República

Por: Raúl Mendoza Cánepa

El Estado peruano es un dique que impide la movilidad de recursos de arriba hacia abajo, un dique que contiene miles de proyectos de infraestructura que Pedro Pablo Ku­czynski se ha propuesto destrabar. El anterior lustro fue un paréntesis. Ollan­ta Humala creyó que los programas so­ciales son la sustancia del desarrollo. La falta de visión, la desaceleración china y la ralentización de la inversión mine­ra dejaron al Perú en el limbo tras años de un crecimiento importante.

Kuczynski no es un advenedizo, sabe que sin reformas institucionales, sin la desaparición del nudo que impide la in­versión en infraestructura y sin la libe­ración de las fuerzas productivas entre los privados, lo avanzado antes de Hu­mala se puede deshacer. Millones de peruanos que escalaron a la clase me­dia durante los años del boom podrían volver a la pobreza.

La elección de Fernando Zavala como jefe del gabinete es una garantía de buen manejo, que incluye la gestión de con­flictos y el liderazgo técnico. Zavala co­noce el Estado y el funcionamiento del sector privado. El problema que debe enfrentar no es de claridad programáti­ca, es su relación con el nuevo Congre­so, dominado por Fuerza Popular (que ostentará lo esencial: el poder jurídico). En un escenario hipotético de confron­tación entre el Ejecutivo y el Legislati­vo, pierde el fujimorismo por desgaste y pierde Kuczynski por inmovilidad; pier­de, finalmente, el pueblo. El nuevo titular de la PCM debe atemperar los ánimos de la calle e hilar fino con una mayoría opositora atrincherada en sus posicio­nes. El Gobierno debe evitar el “efecto tenaza”: presión en las calles por deman­das que no puede cumplir (más sin apo­yo del Congreso) y la oposición cerrada de una mayoría parlamentaria con capa­cidad de neutralizarlo. Bueno sería que el análisis general tienda a convencer a Keiko Fujimori de que una mayoría par­lamentaria cerrada resta a la imagen de una lideresa que en el 2016 se presen­tó como el rostro flexible del fujimoris­mo. Podría costarle el 2021.

La diplomacia política será vital; la téc­nica de ablandar posiciones, fundamen­tal. Propuse un gabinete bisagra, pero bien vendría una unidad técnica de ne­gociación permanente que enlace al Go­bierno con el Congreso.

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