21 Ago, 2017

OPINIÓN | Raúl Mendoza: Huelgas y huelgas

"Es dramático que un profesor andino camine cuatro horas por una tosca geografía para dictar clases, sin li­bros ni expectativa ..."

Por: Raúl Mendoza Cánepa

En una entrevista (2011), el educador Andreas Wollani señala que en Alemania un profesor tiene un estatus lla­mado Beamter, es empleado estatal y tiene estabilidad. Un profesor gana una remuneración cercana a los 3 mil euros. “Los colegios están bien equipados con recursos para las clases. En general no hay nada de quejarse siendo profesor”. Lo insospechado es leer que en Alemania mu­chos de los colegios son estatales. En un diario español se lee que mientras en el sur europeo cunde el desempleo, en Alemania se registra la oferta de un millón de puestos para docentes. Buen pago y mucha torta laboral.

Desde luego, para el enfoque liberal y hayekiano de quien escribe, las frases que preceden tiran por la bor­da muchas afirmaciones que van por la contraria. Es verdad que Alemania dista de Perú (no solo geográ­ficamente) y que llegar a una situación ideal supuso transitar primero hacia ella desde la ruta correcta, crecimiento económico por libre empresa. El creci­miento que provee la inversión privada genera em­pleo, pero también recaudación. Bajo el patrón más razonable, el Estado se enriquece y puede cumplir con sus demandas, entre ellas incrementar el salario de los maestros y construir mejores escuelas. Sin un crecimiento alto y que sea sostenible, las demandas superarán siempre la capacidad del Estado para satis­facerlas. Es deseable tener maestros tan bien pagados como en Alemania, pero en este remolino de protestas (maestros, médicos, trabajadores del Poder Judicial, enfermeras…) son más las interrogantes de caja que la claridad de la respuesta política.

Es dramático que un profesor andino camine cuatro horas por una tosca geografía para dictar clases, sin li­bros ni expectativa. Lo es también que miles de maes­tros no ganen para sobrevivir y deban agenciársela por la informalidad; pero de ser educador, mi primera demanda sería un acuerdo gobierno-Congreso de reac­tivación económica, pactos sucesivos de mejoras sala­riales y, por supuesto, erradicar a los minoritarios que desde el pizarrón vuelcan su odio y su ideología a los es­tudiantes. Ningún afiliado al Movadef debiera tener op­ción para contaminar el pensamiento de personas en formación. Reclamaría por la expulsión de los radicales que enturbian la huelga para sumar a su liderazgo polí­tico local. Que los intereses de unos pocos no destruyan el espíritu constructivo de un sano encuentro entre el magisterio y el Estado.

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