6 Nov, 2017

OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: Pena de muerte

Si las leyes siguen la corriente hoy elaboramos una ley para fusilar a los violadores, mañana cercenamos las partes a los feminicidas, luego cortamos las manos a ladrones

Legislar sirve para hacerse popular. Si las leyes siguen la corriente hoy elaboramos una ley para fusilar a los violadores, mañana cercenamos las partes a los feminicidas, luego cortamos las manos a los ladrones. Podríamos inhabilitar a los presidentes que incumplen sus promesas, lobotomizar a los que mienten en sus hojas de vida, descabezar a los funcionarios coimeros, gasear a los marcas y mutilar a los extorsionadores. Facebook retumba como un estadio. Total, la ley lo puede todo, la sociedad los odia, somos mayoría.

 

Para incorporar la pena de muerte debemos cortar con el Pacto de San José, reformar la justicia, reformular la Policía. Una gran mayoría de encarcelados esperan años su sentencia, un 30% son liberados. Como que nos podemos equivocar, ¿no?

 

¿Recuerdan al “Monstruo de Armendáriz”? El presidente del Poder Judicial, Duberlí Rodríguez, planteó su absolución póstuma. Si las corrientes de opinión y los titulares de prensa presionan sobre los legisladores, sepa que también sobre los jueces. Jorge Villanueva, el “monstruo” durante seis décadas, se fue con el estigma de la memoria. Fue fusilado por la gente, por la prensa. El diario La Crónica tituló en medio del proceso: “Es el crimen más cruel de todos los tiempos y merece ser castigado con la muerte”. Pues, bien, Villanueva fue muerto a tiros gritando su inocencia. Lo llevó al paredón un turronero inseguro que contó a la policía que vio a un sujeto de raza negra tomando contacto con la víctima. Muchos sospechosos fueron detenidos en Lima y fue suficiente la sola vista para que los jueces creyeran que habían dado con el criminal.  Años más tarde se supo que la muerte pudo deberse a un accidente, que un conductor negligente quizás ocultó el cuerpo en la quebrada. Desde luego, el turronero se convirtió en héroe popular, reclamó un trabajo y se jactó de su “labor cívica”. Kenji Fujimori dice: “Cerremos el paso a la pena de muerte, reflexionemos sobre cobrar justicia con nuestras propias manos. No somos asesinos. Evolucionemos”. Tiene razón. De paso, o se es mortícola o provida, pero no ambos a la vez.

 

Si no creen, unámonos al grupo. China es el mayor ejecutor del mundo, la siguen Irán, Arabia Saudí, Irak y Pakistán. Penas duras, sí, pero racionales y preventivas. No queremos yerros que lamentar. Los policías y los jueces también se equivocan. Ah, y ya no existe La Crónica, tenemos a Facebook, el bárbaro.