30 Oct, 2017

OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: La salud agotada

En Educación, el tema es el sueldo de los maestros y el nivel de la docencia. Sin embargo, poco se dice de la salud, pese a que sin salud todo deviene en marginal.

Mientras nos centramos en temas cívicos, dejamos de lado lo fundamental. Las cruzadas ciudadanas ocupan más nuestra mente que los temas medulares. Ignorábamos, por ejemplo, que mientras nos entrampamos en líos políticos, la reconstrucción se diluía. Para ser más precisos, la renuncia de Pablo de la Flor como ‘zar de la reconstrucción’ nos recuerda a aquella fábula en la que se espera la llegada de la tortuga, sin saber que esta no había aún arrancado de la línea de salida.

 

Como en Pisco tras el terremoto, como en la fallida reconstrucción del norte, como en la consabida incapacidad para ejecutar el presupuesto en todos los niveles y entidades, el Estado es disfuncional. Si el monto anual del presupuesto público dependiera de la capacidad ejecutiva, aquel se reduciría ostensiblemente. Quizás, la gran reforma liberal de nuestro tiempo consista en reestructurar nuestras prioridades: salud, educación y seguridad.

 

Hay quienes plantean algunos mecanismos de privatización de la educación y la seguridad. Hace unos días entrevisté a Luis Enrique Gálvez, precandidato de Acción Popular a la alcaldía de Lima y mencionó interesantes propuestas para prevenir el delito a través del uso de la tecnología y la coordinación integral. Quizás debamos dejar terreno a los municipios en la materia, ellos están cerca de los problemas y de las juntas vecinales. En Educación, el tema es el sueldo de los maestros y el nivel de la docencia. Sin embargo, poco se dice de la salud, pese a que sin salud todo deviene en marginal. Durante estos años, por parientes cercanos, he conocido de las deficiencias del sistema. Enfermarse en el Perú es resignarse a la muerte, esperar un mes por el turno para esperar a Caronte; aguardar la evaluación de una fractura en el brazo para morirse de neumonía a medio camino; ser manjar de las bacterias intrahospitalarias; batallar por una camilla en el pasadizo (cuando falte, rente la de la ambulancia que lo trajo, si tiene suerte de hallar una que lo recoja aun respirando de su casa).

 

Quizás el paramédico llame a emergencia estatal y no haya cupos, solo colas. Para sobrevivir lo derivará a alguna clínica privada. Asumirá una obligación previa y habitará por estiradas semanas un cuarto; pero tranquilo, será el débito y no la enfermedad la que termine por matarlo. Para las clínicas es poco, para usted un sablazo a la médula.  Mejor quédese en su cama. Así estamos.