OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: Juicio y error

Hace algunos días una noticia circuló por Lima, Liu Xiunhuan, dueño de un chifa en Independencia, fue acusado de utilizar perros en la elaboración de sus comidas.
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Lo más aparente no siempre es real. Popper nos llamaba a dudar siempre de las evidencias. De eso se trata de buscar la verdad y hacer periodismo. Frente a la celeridad de las redes, el periodista es el científico que duda. No repite lo que se dice porque lo que se dice es superficie. El periodismo sin calle, reedita a otros medios, deforma; el que indaga, informa. Desde luego, a las redes sociales no le podemos pedir rigor ni prudencia, el juego del internauta es llegar primero y pontificar desde el error.

Hace algunos días una noticia circuló por Lima, Liu Xiunhuan, dueño de un chifa en Independencia, fue acusado de utilizar perros en la elaboración de sus comidas. Vale decir que el ciudadano chino estaba acorralado por lo “evidente”.  Una comerciante le obsequió un perro y él aceptó, pero para no ensuciar su automóvil, donde (por cierto) llevaba carne para sus platillos, llevó al can envuelto en un costal, dejando descubierta la cabeza. Grave error, maltrato animal y una ligereza para la suspicacia y el racismo. Los vecinos alertaron y llegó la Policía. Aunque Liu dijera la verdad, no le creímos. Tomamos por cinismo lo que era sinceridad.

Las redes sociales explotaron y las mofas (que incluían a su raza) fueron una constante. Muchos limeños no agotamos la sospecha y proyectamos en todos los chifas la misma práctica. Del mal juicio, llegamos a la proyección. La posverdad y el prejuicio hicieron su agosto en una sociedad rápida para condenar. El escándalo me tornó a un libro de Mariella Balbi, “Los chifas en el Perú, historia y recetas”: “(Lima) era entonces una ciudad muy insalubre, pero los chinos los tenían locos (a los limeños), había mucho racismo. Decían que eran sucios, que comían ratas, que estafaban”. Desde luego, el libro trata sobre el delicioso aporte culinario chino al Perú. De pronto la xenofobia (selectiva en este caso) se dirigió contra los chinos. En contrapartida, los venezolanos eran los emprendedores y los trabajadores modélicos (cobran el mínimo y son amables).

Para los que se alegran del escándalo en torno al ciudadano chino, lamento decirles que una pericia de la Policía Nacional determinó finalmente que la carne no era de perro sino de res ¿Y lo que dijeron la prensa y las redes? ¿Y la reputación dañada? Chineamos, negreamos y choleamos porque “chinos, negros y cholos” son nuestros y lo nuestro está al alcance del prejuicio y de la burla.

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