1 Ene, 2018

OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: Juego de tronos

Lo que contrasta con esa capacidad de convocatoria es la poca operatividad de Fuerza Popular para ganar las calles y devolverles en gritos juveniles su máxima consigna

“Las ideas se combaten con ideas y las masas con las masas”, dijo Rafael Belaunde, padre de don Fernando, interpelado cuando era primer ministro de Bustamante. Desde luego, la frase le trajo problemas. Lo que llama la atención es la rápida capacidad de movilización del antifujimorismo. Los jóvenes fueron una fuerza de presión a fines de los 90 para acabar con un régimen que conocían de cerca. Hoy, con las redes sociales, suficiente que a un colectivo se le ocurra convocar a los jóvenes “antis” para que miles marchen por las calles.

Lo que contrasta con esa capacidad de convocatoria es la poca operatividad de Fuerza Popular (FP) para ganar las calles y devolverles en gritos juveniles su máxima consigna: “¡Fujimori Libertad!” (Al margen del ralo entusiasmo de su cúpula). FP puede reunir el 49% de los votos del electorado, pero no organizar marchas multitudinarias. Quizás, uno de sus débiles ha sido no construir un modelo que convenza a los jóvenes o tal vez estos hayan sido el receptáculo de un cúmulo de mensajes que desde el 2001 solo se centró en lo nefasto de los 90, nunca en los logros. Keiko no supo gestionar la memoria ni abrirse a un nuevo fujimorismo. Kenji fundó un liderazgo nuevo, uno cercano a la juventud, depositario de sus mismos códigos y simbologías. Mientras Keiko representaba la dirección tradicional, el estilo de los 90 (con asesores poderosos en la sombra); Kenji era la disidencia liberal, contestataria. Keiko solo tenía un electorado pesado, paquidérmico, de esos que mueven sin pasión las calles siempre que les pongan bus y dinero.

Si bien le falta al benjamín de los Fujimori madurar un discurso y rodearse de cuadros liberales  que superen a los de su hermana (cosa fácil viendo los CV), tenía o tiene el potencial para liderar una corriente que difumine a los que participaron de la “conjura” contra su padre. Con Fujimori liberado, lo probable es que Kenji sume poder y bancada. Algunos se quedarán en el camino. Los que se la jugaron a la lealtad (se les quitó escaño; Chávez, Cuculiza, Moyano, Aguinaga…) podrían ser los puntales del 2021. Difícil que Ana Hertz o Pier Figari logren vencer el peso del líder histórico. Lo que puede asomar es un fujimorismo de nueva vertiente, más liberal, moderno, sin la sombra del autoritarismo noventero. Mas, indultado su padre, ¿cómo Kenji podría reconciliarse con la juventud? Buenos asesores no le han faltado.