12 Feb, 2018

OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: Jimena desprotegida

¿Sabe usted que un fiscal había recibido en 2016 la denuncia de una mujer de 30 años de haber sido agredida por Alva? El criminal la tuvo fácil
OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: Jimena desprotegida
OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: Jimena desprotegida

Jimena era una niña de once años que salía de un curso dentro de una comisaría, los padres estaban tranquilos, pues supuestamente estaba en un fortín de seguridad… hasta que se le cruzó en el camino un monstruo, César Alva, quien confirmó a la Policía que no solo violó y mató a la niña cerca de la comisaría sino que además durmió con el cadáver hasta que se deshizo del cuerpo. Olvidó el criminal que Lima es una ciudad de cámaras vigías.

¿Sabe usted que un fiscal había recibido en 2016 la denuncia de una mujer de 30 años de haber sido agredida por Alva? El criminal la tuvo fácil. El fiscal no vio que el violador tenía antecedentes y los tenía, salvo que… según señala, los antecedentes de un acusado recién se pueden solicitar cuando el caso llega al Poder Judicial. Vale decir, las comisarías y las fiscalías no manejan antecedentes. Pésimo que ocurra en tiempos de Internet. Con una alerta quizás Alva estaría preso en una cárcel… y la niña, a salvo.

Ciento cincuenta policías fueron relevados de la comisaría (¿?), algunos de ellos brindaron información falsa y dificultaron la búsqueda de la niña, no operaron según el sistema de alarmas y, como ocurre en algunos casos, seguramente poco les importó. Según el padre de la menor, hubo cómplices y bien se haría en precisar a quiénes corresponde el ADN rastreado en el cuerpo de la niña. Policías pasmados, sospechosos ocultos, fiscales desinformados, leyes que permiten que la calle sea un bestiario de reincidentes, cadena perpetua solo para violadores de menores de diez años (Jimena tenía once).

La reacción fue la que se esperaba, cientos y miles de personas marchando y otros muchos más pidiendo la pena de muerte en un país en el que cada día tendríamos que electrocutar, fusilar o ahorcar a centenas de abominables seres que han hecho de su depravación una maquinaria de destrucción. Lo que no sabe la mayoría es que plantear la pena de muerte en el Perú supone también denunciar el tratado de San José y formar jueces y fiscales infalibles, casi omniscientes, tan corajudos para no dejarse amedrentar por la turba ni la presión de los medios. Bien se haría en ampliar la cadena perpetua a todo aquel que viole a un menor desde los diecisiete hacia abajo.

Por cierto, los violadores potenciales no están en la calle pedaleando o tras un arbusto; aunque se silencie, quizás estén muy cerca, mientras usted lee tranquilamente su periódico.