OPINIÓN | Raúl Mendoza Cánepa: Hiper y anti

Somos de extremos e hiperpolitizados, porque nada escapa del análisis del ojo que cree que todo es política

Hiperpolitizados y antagónicos. Los peruanos comen y beben política, aman y odian bajo su sombra. Para quien, como este columnista, escribe para medios tan tolerantes con su pluma como disímiles en sus concepciones, es fácil ser calificado por el lector de “lo uno o de lo otro, de X o Z” de acuerdo a la línea del periódico en el que escribe. Nadie cree en el pluralismo de los medios. Si no es negro es blanco y el opinante “es con el medio”. La sociedad “bipolar” divide todo en antis o pros, no conoce de diversidades, matices ni alternativas.

 

Si sumara los adjetivos que me han tocado por opinar con independencia, vienen encajonados los de derechista, fujimorista, caviar, “rojete” (¡!), aprista, anti, pro, etc. Para un confeso liberal hayekiano es difícil soportar la adjetivación fácil sin resentirse de la polarización extrema en la que vivimos, donde estás fuera si no cabes en ninguno de los extremos.

 

Somos de extremos e hiperpolitizados, porque nada escapa del análisis del ojo que cree que todo es política (no a la usanza del zoon politicón aristotélico). En un medio virtual puedo escribir sobre el amor, el erotismo, la gratitud, la verdad e, inmediatamente, ser acusado de escribir entrelíneas sobre política (porque no solo se lee entrelíneas), como quien en mensajes cifrados argumenta en favor de la libertad de Fujimori o en contra de ella o todo al mismo tiempo. Las obsesiones tienden a la paranoia y a la confusión.

 

Aunque la hiperpolitización debería llevarnos a un elevado nivel de interpretación de la realidad política, los conceptos son muy básicos y, por lo general, regidos por la fuerza del cliché, del odio, del dogma, de la contradicción y del absurdo.

 

Los políticos tampoco maduran. No discuten grandes ideas sino posiciones concretas, por lo que saltar entre partido y partido es fácil y sin tomarse en serio aquello de los principios y la doctrina. Los candidatos postulan sin una idea previa, pero con un objetivo claro: ganar la elección… y la despensa. Los grandes debates ya no ponen en el cuadrilátero de la historia a conservadores y liberales (los Gálvez y Herrera serían inconcebibles hoy) sino a demandantes muy concretos. Nadie sabe por qué PPK quiso ser presidente, ¿solo una meta personal…? Nadie sabe qué propugna Kenji más allá de la libertad de su padre, ¿una corriente?… Nada peor que ser hiperpolitizados en una sociedad que poco sabe de política.

TAMBIÉN PUEDES LEER: