OPINIÓN| Pedro Paredes: Leña de árbol caído

El voto preferencial también estaría siguiendo el mismo camino a la extinción y sin mayor resistencia. 

Si el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo fuera una pelea de box, el Parlamento estaría en la lona, intentando levantarse, invadido por la impotencia y con la sangre en el ojo al no poder hacer nada ante un oponente gigantescamente superior, que le ha sabido meter potentes ganchos a punta de sagacidad e inteligencia. Casi sin despeinarse.Y no puede ni podrá levantarse del suelo, desde donde solo escucha el ensordecedor abucheo de una tribuna hostil que lo rechaza por tramposo. Por eso su oponente, abusivamente, no duda en rematarlo en el suelo con más reformas, en una pelea que apenas comienza y que tendrá al derrotado Parlamento con la mirada a los pies de su oponente y la tribuna.Pero esto no es dictadura. Es un juego de poder que muy bien está capitalizando el presidente Martín Vizcarra, al lograr someter a un Congreso que antes se ufanaba de su poder político, pero que ahora se verá –como en las reformas de referéndum– en la obligación de poner en inmediato debate las nuevas reformas anunciadas por el Ejecutivo, como la revisión del voto preferencial y la inmunidad parlamentaria.

Y cuando se esperaba una reacción más firme, aparece Úrsula Letona –el rostro del fujimorismo que llamó “mamarrachos” a los proyectos de reforma constitucional– diciendo estar a favor de la revisión de la inmunidad parlamentaria y vaticinando que su debate no tendrá mayor resistencia. ¡Cómo cambiaste pelona!      Increíblemente, más de un congresista no solo está dispuesto a debatir la propuesta presidencial, sino también a despojarse de esa protección constitucional que solo ha propiciado más impunidad frente a los delitos cometidos y sentencias recibidas. Pero esa actitud no sería de conciencia, sino de conveniencia política por la necesidad de lavarse la cara ante el descrédito popular y el oscuro futuro político que les espera al aprobarse la no reelección parlamentaria.

El voto preferencial también estaría siguiendo el mismo camino a la extinción y sin mayor resistencia. Vizcarra no dudó en mostrarse como un gobernante complaciente con reformas escuchadas desde el corazón del pueblo, que puede terminar convertido en un monstruo que terminará devorando su mandato antes de lo que él pueda imaginarlo si no sigue complaciéndolo. Mientras tanto, habrá que seguir aprovechando la derrota del Parlamento y haciendo leña del árbol caído, para conseguir la aprobación de más reformas electorales y constitucionales, pero siendo celosos vigilantes de los pasos que da el Ejecutivo.

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