20 Abr, 2017

OPINIÓN | Paul García: ¿Quién tiene la razón?

El debate al día de hoy ha tomado tanta importancia que incluso en las redes sociales enfrentan a unos contra otros, ya sea en ideas o suscribiendo las mismas con los likes

Todos alguna vez hemos discutido sobre algún tema con alguna persona, todos hemos perdido la paciencia con algún interlocutor que decía alguna cosa que a nuestro parecer era absurda. Las discusiones o debates entre las personas se dan a todo nivel; debate el estudiante al defender una postura, debate el trabajador que defiende lo que ha realizado, debaten los intelectuales, debaten los políticos, los congresistas, los miembros de una iglesia; en realidad el ser humano vive en constante debate.

El debate al día de hoy ha tomado tanta importancia que incluso en las redes sociales enfrentan a unos contra otros, ya sea en ideas o suscribiendo las mismas con los likes correspondientes.

Lamentablemente, el debate se desvirtúa cuando las personas se escapan del mundo de las ideas y convierten la discusión en una pelea. Un claro ejemplo de lo mencionado es lo que viene sucediendo en nuestro país con temas coyunturales que polarizan a la población y que se caracterizan por el apasionamiento y la intolerancia al que piensa distinto.

Desde los temas más comunes de debate como la legalización de la marihuana, la unión civil, el aborto, hasta los temas controversiales más recientes, como la opinión de un congresista acerca de si se deberían considerar héroes o no a los Comandos de Chavín de Huántar o la tal mencionada ideología de género; han terminado en la mayoría de casos por desvirtuar la esencia del debate. Hoy en día, pensar distinto nos hace merecedor de calificativos negativos y muchas veces ofensivos que nacen de argumentos que atacan a las personas y no a las ideas. Hoy en día, hasta periodistas cometen exabruptos con sus entrevistados que plantean una idea diversa a las que ellos tienen.

Da lo mismo la persona violenta que agrede en un bar a otra porque no comparte su misma idea que el intelectual que ofende o intenta denigrar a su contraparte en un debate porque considera que su postura es simplemente estúpida.

El cambio que nuestro país necesita es un cambio estructural y para ello necesitamos que en nuestra sociedad impere el respeto. Si alguien piensa distinto o tiene una postura distinta, pues hay que combatirla con ideas, argumentos e información, no con ataques personales, no huyendo ni mucho menos denigrando a la otra parte. El cambio del país empieza por el respeto y sobre todo por el imperio de las ideas sobre la fuerza.

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