19 Oct, 2017

OPINIÓN | Paul García: La nueva esclavitud de la juventud peruana

Nuestra legislación reconoce la categoría de practicante profesional y preprofesional en el marco de modalidades formativas laborales.

Hace unos días, una reconocida universidad premiaba a las mejores compañías y estudios jurídicos por ser los mejores lugares donde los jóvenes realizan sus prácticas preprofesionales y prácticas profesionales. Sin embargo, estos premios encubren la triste realidad de nuestro sistema de modalidades formativas laborales.

Nuestra legislación reconoce la categoría de practicante profesional y preprofesional en el marco de modalidades formativas laborales. Esto quiere decir, que en el Perú las horas que un joven emplea en su trabajo, son horas de aprendizaje, más no configuran horas de trabajo. Entonces, al no considerarse trabajo no cuentan con todos los derechos y beneficios sociales de un trabajador.

Es cierto que la etapa de prácticas debería ser, en todos los casos, formativa; sin embargo, en nuestra realidad, los practicantes, en la gran mayoría de compañías, realizan las labores y las actividades de un trabajador común.

Así, a pesar de tener que someterse al régimen de restricciones de derechos y beneficios sociales por ser practicante, los jóvenes son “esclavizados” y ven vulnerados sus derechos legales y constitucionales.

No es un secreto que en muchas compañías nuestros jóvenes peruanos son sometidos a severas condiciones laborales, con la excusa de que se encuentran en un período formativo y deben pagar el nefasto “derecho de piso”.

Es indignante que las grandes empresas o reconocidos estudios de abogados hagan trabajar a los jóvenes más horas de las que la ley determina (máximo 30 o 40) y que incluso trabajen más de 8 horas y de amanecida, sin siquiera reconocerles, aunque sea media hora de tiempo extra. Se sabe de casos en los cuales se trabaja sábados, domingos y feriados.

Esta realidad es lamentable y lo que no se dice es que maléficamente los empleadores prefieren contratar a más practicantes antes que a trabajadores, ya que así pueden tener más ganancias y menores costos. En el Perú se infringe la ley y la Constitución con nuestros jóvenes y los dueños de empresas, estudios de abogados, etc.; se aprovechan de la manera más vil, de la predisposición del joven que, en su primera experiencia laboral, mantiene silencio ante tal abuso y vulneración de derechos.

Nuestra legislación y este gobierno están permitiendo un incumplimiento sistemático de las normas y la Constitución, desvirtuando la etapa formativa, convirtiéndola en un tipo de explotación laboral. Esto debe cambiar, los jóvenes pueden formarse con calidad y derechos.