OPINIÓN| Patricia Juárez: Formas democráticas

Dilma no ha sido destituida por ser mujer, su imagen, junto al líder histórico de su parti­do, Lula da Sil­va,quedaron comprometidas al descubrirse las trapacerías Petrobras

Por: Patricia Juárez

Esta semana que pasó, Brasil tomó una decisión dura, privó definitivamente de la primera magistratura de ese país a una presidenta mujer, Dilma Rouse­ff, una mujer comprometida con la lucha social, al punto de haber sido guerrillera y que fue la segunda de los mandatarios pertenecientes al Partido de los Traba­jadores, una agrupación claramente con ideas de izquier­da y visión socialista como solución a un Brasil que pinta­ba como el país coloso de Sudamérica.

Desde una perspectiva de género es lamentable que una presidenta elegida democráticamente haya perdido el mando que ganó en las urnas, pero Dilma no ha sido destituida por ser mujer, su imagen, tanto como la del líder histórico de su parti­do, Luiz Inácio Lula da Sil­va, quedaron seriamente comprometidas al ponerse al descubierto todas las tra­pacerías en Petrobras, en donde Dilma fue presidenta de la Junta Directiva, pos­teriormente componendas, coimas, lavados de activos en los que resultaron invo­lucrados las antaño todopo­derosas grandes constructoras brasileñas (Odebrecht, Andrade Gutiérrez, Queiroz Galvao, Camargo Correa, OAS) que terminaron con sus presidentes detenidos, explotando la exposición de esa corrupción en escán­dalos sucesivos y progresivos de Mensalao (escánda­lo de las mensualidades pagadas a los diputados que se destapó en el 2005) etc.

Se puede criticar que hasta algunos de los votantes de la destitución puedan terminar involucrados en los mis­mos escándalos, pero no por ello se puede calificar que se trata de un golpe de estado antidemocrático; a juzgar por las noticias, se han usado escrupulosamente los mecanis­mos, plazos y votos en cantidad necesaria que la propia Constitución dispone para el trámite del Impeachment presidencial en ese país, por lo que se han salvaguarda­do las formas democráticas.

Ya antes se había destituido a otro presidente brasile­ño por malos manejos –Fernando Collor de Mello-, pero este resultado con Dilma parecía impensado a inicios de este año, con 61 votos 7 más de los necesarios para apro­bar el Impeachment.

Considero que esta es una seria llamada de atención so­bre el cuidado en el manejo de la cosa pública para todos los mandatarios de América Latina y donde un gobierno de izquierda no resultó ni tan puro, ni tan virginal como ellos se intentan presentar a cada momento.

 

 

 

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