OPINIÓN | Patricia Juárez: El equilibrio en democracia

El advenimiento de un nuevo Gobierno siempre es un momento de esperanza, de mucha ilusión, porque quisiéramos que todo funcione bien.

Por: Patricia Juárez

Ya estamos en el mes de la patria, que de por sí tendrá un relumbrón mayor porque se ins­tala un nuevo presidente de la República, ele­gido democráticamente en una sucesión de Gobiernos salidos del voto popular –Toledo, García, Humala, ahora Kuczynski–, y, probablemente, estare­mos dispuestos a escuchar cuál es el mensaje del nue­vo gobernante, su visión del país luego de los informes de las comisiones de transferencia y las principales me­didas de coyuntura que juzgue necesarias dadas las condiciones reales en que recibe las riendas del Perú.

Hablo de condiciones reales porque una cosa es la in­formación oficial, muchas veces retaceada, que es la asequible como candidato, y otra la data real de los activos y pasivos naciona­les más las con­tingencias, por­que bien vale el viejo dicho “una cosa es con guitarra y otra, con cajón”.

El advenimiento de un nuevo Gobierno siempre es un momento de esperanza, de mucha ilusión, porque quisiéramos que todo funcione bien, que el nuevo pre­sidente tenga liderazgo y capacidad de diálogo para ar­ticular las mejores medidas en provecho de la gran ma­yoría de la población. El Perú no en vano es un campo fértil, sobre el cual hay tantas cosas por hacer, que se han venido postergando por la falta de recursos econó­micos suficientes, donde falta tener una agenda clara elaborada con base en definir todo aquello que se re­quiere, inventariar las demandas de los pueblos y dar­les una jerarquía de prioridades para tratar de tener un Plan Nacional debidamente consensuado a ser desa­rrollado a lo largo de los próximos 30 años, quienquie­ra que fuera el gobernante y su signo político.

Todos esperamos que se pueda convocar un buen equipo ministerial, con Fernando Zavala a la cabeza, que se esfuerce por hacer funcionar el equilibrio de poderes en el Estado, como ocurre en tantos países con mayor cimentación democrática, en donde un partido políti­co maneja el Ejecutivo y otro el Legislativo, y, sin em­bargo, todo discurre con normalidad, con negociacio­nes y consensos para tener gobernabilidad.

Ojalá algo así ocurra con nuestro país en los próxi­mos cinco años, no la parálisis y la inacción negligen­te del Gobierno nacional que se va sin pena ni gloria.

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