OPINIÓN | Orwell en Ucrania, la palabra de Daniel Parodi

En los últimos días se han difundido di­versas tomas del derribo de estatuas de Lenin en Ucrania debido a que, como parte de la política de ‘desco­munistización’.

Los últimos días se han difundido di­versas tomas del derribo de estatuas de Lenin en Ucrania debido a que, como parte de la política de ‘desco­munistización’, aplicada por el presidente Petro Poroshenko, se acaba de ilegalizar a los tres partidos comunistas que aún exis­ten en ese país.

Al día de hoy, más de 140 monumentos conmemorativos de la era socialista han sido desmontados. Estas obras de arte evoca­ban que, desde 1922, Ucrania fundó y for­mó parte de la Unión de Repúblicas Socia­listas Soviéticas (URSS), la que Lenin lideró luego de que, en Moscú, la revolución bol­chevique de octubre derrocase al social de­mócrata Alexander Kerensky (1917).

El panorama ucraniano parece sombrío. Por un lado, se ha puesto en evidencia la in­tolerancia de su democracia hacia los parti­dos que no creen en ella: gran debate. Por el otro, es aterrador que la web del Instituto Ucraniano de la Memoria anuncie con abso­luta naturalidad el desmontaje de 139 mo­numentos del periodo socialista, del mismo modo como difunde la lista de las persona­lidades cuyos nombres deben borrarse del mapa de Ucrania (520 por ahora). Claro que es impensable un monumento a Adolfo Hit­ler o una calle llamada Josep Mengele, pero de allí a la aplicación de una política siste­mática de erradicación del pasado, hay un profundo abismo.

En su célebre distopía titulada 1984, Geor­ge Orwell imaginaba un país occidental su­mido en un régimen totalitario en el que un Ministerio de la Historia alteraba impune­mente los hechos del pasado para adecuar­los a los intereses políticos del presente. Por ello, es paradójico que un Gobierno demo­crático del siglo XXI utilice prácticas que su­peran las peores pesadillas autoritarias del célebre narrador británico.

Algunos de los monumentos a Lenineran verdaderas obras de arte como su estatua en Kiev, labrada en 1939 por el destacado es­cultorSerguéiMerkúrovydestruidaporul­traderechistasapenasdesmontadoen2013. Este es, pues, el triste resultado de una tor­pe política de negación del pasado.

Quien suscribe no tienen nada de comu­nista, pero sí la conciencia de que el patrimo­nio merece ser preservado –incluso como ejemplo de lo que no debe ser– y de que el ayer no se borra por decreto: se asimila y supera. Por ello, la ‘erradicación’ del pasa­do socialista en Ucrania, además de destruir obras patrimoniales, arraigará memorias di­sidentes en los extramuros de la historia, y estas memorias pueden resistir al paso del tiempo bastante más que las oficiales.

 

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