OPINIÓN | Moisés Rojas: Políticos con oficio

Un político con oficio administra adecuadamente las críticas y las racionaliza al extremo. No las siente personales. Las capitaliza para catapultar sus mensajes.
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Se vienen las elecciones municipales. Como no hay reelección, aproximadamente 2000 nuevas autoridades ocuparán los sillones de los gobiernos regionales y municipales. La esperanza es que sean políticos con oficio. El nuevo político debe saber que su trabajo le exigirá varias habilidades en simultáneo. No es sencillo. Los políticos con oficio necesitan un discurso o una visión sobre el país, su región, su provincia o su distrito. Esto no nace de la noche a la mañana, es un largo proceso, y para ello es importante la calidad de la formación y la experiencia. Tomen como contraejemplo a los “comepollos”, “robacables” y “lavapies” del pasado Congreso de la República.

Es fundamental la comunicación que lleven a cabo. Los buenos discursos suelen generan adhesiones. Sin obviar la comunicación no verbal, esa que hizo caer a un candidato por no aceptar comerse un chicharrón. Un político con oficio está todo el tiempo en medio de una puesta en escena. Un actor las 24 horas del día. Ahora con las redes sociales, mientras más versátil sea el político, usando todas las plataformas de comunicación, probablemente llegué a más públicos.

Un político con oficio administra adecuadamente las críticas y las racionaliza al extremo. No las siente personales. Las capitaliza para catapultar sus mensajes. Frente a un insulto o un golpe bajo muestra: tolerancia, argumentos, carácter, tranquilidad, aplomo, sarcasmo. Claro, los políticos con oficio no son negociantes. Se entiende que no temen porque no la deben. Un político con oficio no pierde los papeles.

Un político sabe escuchar y olfatear. Cuando llegue al cargo, si es elegido, decenas de personas se acercarán para llenarlos de consejos. Saber quedarse con los buenos es fundamental. ¿Olfatear? Sí, la política requiere de instintos básicos, inexplicables, que te dicen por dónde va el peligro o por dónde la oportunidad. Loïc Wacquant, en su libro Entre las cuerdas, cuenta las peripecias de convertirse en un boxeador. El oficio de un político se parece mucho a la de un boxeador: los boxeadores no ven por dónde vienen el golpe, actúan por reflejo e instinto.

Los partidos políticos formaban a los políticos con oficio. Eran las escuelas políticas. ¿Ahora dónde y quienes los forman? Pregunta que requiere acciones. Luego cuando vengan los que ya conocemos, con las taras de siempre, solo podremos ir a llorar al río.

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