20 Sep, 2017

OPINIÓN | Milko Ibáñez: Nunca hubo transición

Los peruanos siempre hemos encontrado un culpable para exorcizar nuestras culpas y siempre ha sido un político.

A la luz de los acontecimientos de los últimos 17 años, es claro que en el Perú no hubo una transición entre la época que cronológicamente acabó con el fin del gobierno de Fujimori y lo que estamos viviendo hoy.

Muchos quisieron creer que se había iniciado una nueva época en el Perú, con una nueva clase dirigente y política y que era un renacer, se afirmaba también que los que vinieron después del 2000 eran todos muy diferentes, casi “sanos y sagrados”, y que la lección estaba aprendida y esa historia no se repetiría más, la corrupción había sido filmada, tirios y troyanos tenían su video y ya nadie se atrevería a corromper y dejarse corromper, al menos a esa escala.

Bueno, en estos últimos 17 años es claro por los hechos y delaciones que todos conocemos, que esa alimaña llamada corrupción siguió viva, y que solo había mutado en otros cuerpos, en otros nombres, en otras razones sociales.

Es claro que la alimentaron con esteroides, pues para llegar a romperle la mano a más de un presidente como todas las pruebas indican, hay que ser muy grande y muy poderoso.

Los peruanos siempre hemos encontrado un culpable para exorcizar nuestras culpas y siempre ha sido un político. Cada cierto tiempo se nos ocurre culpar a alguien por nuestros pecados, somos una sociedad inmaculada, la culpa siempre la tiene otro y si es un político, mejor.

Como dice la calle y empezando por lo que recuerdo, la historia la han contado más o menos así: Belaunde un gran señor pero se rodeó de gente muy ladrona; Velasco un golpista idealista pero sus amigotes robaban tanto o más que los amigos de Belaunde; Alan I siguió con la tradición de para mis amigos todo, para mis enemigos la ley (si puede ser de expropiación mejor); Fujimori creyó que con las reformas cambiaba todo pero decidió cambiar de rumbo a mitad del río y ya sabemos quién empezó a manejar esa barcaza (el tío Vladi y sus adláteres); y después vinieron Toledo, Alan II y Ollanta-Heredia.

Si usted quiere que el Perú realmente cambie, empiece por cambiar usted, contribuya y no se presente a negocios o licitaciones cuyo presupuesto podría tener mejor destino.

Que es ingenuo dejar pasar una oportunidad, que si no lo hace usted otro lo hará, que el Perú no tiene arreglo, bueno todo eso es falso, no se convierta usted en el Zavalita de “Conversación en la Catedral”, que no digan de usted como se hace en la novela, “Él era como como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento”.

 

Hágalo usted distinto, evolucione y habrá transición.