OPINIÓN | Milko Ibañez: Los salvajes y sus innumerables nombres

Esta vez el relato del salvajismo no lo he leído en un libro, tampoco es un señor alemán el que narra el comportamiento de salvajes desnudos, esta vez es el siglo XXI...

Por Milko Ibañez

Hace unos 30 años un gran amigo historiador él, me regaló un libro llamado “Verdadera historia y descripción de un país de salvajes desnudos” escrito por Hans Staden de Homberg.

En este libro publicado por primera vez a mediados del siglo XVI, el autor narra como en uno de sus viajes a América, fue hecho prisionero, y permaneció diez meses y medio en constante peligro de ser asesinado y además devorado por sus captores, unos salvajes llamados top-pinikin. El libro es un relato escrito e iconográfico excepcional sobre la vida y costumbres de esa tribu, sin embargo lo que más me impactó fue el capítulo XXVIII acerca de las ceremonias con que matan y comen a sus enemigos, con que los matan y como los tratan.

Recuerdo haber leído muy rápidamente el libro y haber quedado impactado por el salvajismo de este último capítulo, recuerdo además que después de leerlo tuvimos largas conversaciones sobre el mismo y la evolución tan grande que América había tenido en estos siglos, y que aún con todos los defectos que como sociedad tenemos en el siglo XX, estábamos ya muy alejados de esos años. Después de esas largas charlas y con el auto convencimiento que vivíamos mejores tiempos, pude nuevamente dormir tranquilo.

La semana anterior el salvajismo del ser humano ha vuelto a tomar lugar en alguna parte de mis sueños, y confieso que hace dos semanas no puedo dormir con tranquilidad, estoy conmocionado y tan perturbado como me dejó la crónica de Hans Staden.

Esta vez el relato del salvajismo no lo he leído en un libro, tampoco es un señor alemán el que narra el comportamiento de salvajes desnudos, esta vez es el siglo XXI y los bárbaros no andan desnudos, no obedecen a nadie, actúan con sadismo, torturan y asesinan por mero salvajismo.

Estos salvajes del siglo XXI fueron defendidos y lo siguen siendo (pues el que calla otorga) por gente muy leída, y hoy en día parecen intocables por un sistema que está ciego, que no siente, que parece tan aborigen, tan bestial, tan cruel, como el palo con que mataban a sus víctimas los top-pinikin.

En uno de los capítulos de ese libro que me quitó el sueño, o más bien lo llenó de pesadillas, se explicaba que la mayor honra de estos salvajes era capturar y matar a muchos, y que cuantos más haya matado uno, tantos más nombres puede tener, ellos no conocían de títulos pero seguro uno de sus nombres hubiese sido Capitán Carlos.

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