2 Nov, 2017

OPINIÓN | Milko Ibáñez: ¿Es la tecnocracia válida hoy en día?

El significado de tecnocracia se pone de moda alrededor de 1930

Durante meses se ha estado hablando en el Perú del valor de los equipos ministeriales basados en su experiencia en el sector privado, o de sus títulos académicos, se asevera que esta es la fórmula ideal para un gobierno eficiente, que es la mejor receta para el buen manejo de la cosa pública en un país como el nuestro, veamos.

El significado de tecnocracia se pone de moda alrededor de 1930 (claramente pues no es algo novedoso y único), esta alcanza gran popularidad basada en el supuesto de que alguien capaz en conocer y aplicar el proceso industrial está capacitado para gobernar la sociedad en su conjunto.

Como bien sabemos la primera revolución industrial es un proceso transformador que empezó en Gran Bretaña y se extendió algunas décadas después a gran parte de Europa y Norteamérica, este proceso tuvo un segundo debut conocido como la Segunda Revolución Industrial que muchos coinciden terminó en 1915-1920.

En esos tiempos, el Estado era un gran productor industrial, las poblaciones eran menores y los ejes de comercio e intercambio tenían a la gran empresa del estado produciendo los bienes y servicios para todos sus nacionales, hacía mucho sentido, el Estado era una gran empresa y así había que manejarla, eso era así hace 100 años.

Según varios autores, lo que caracteriza a la tecnocracia actual es la tendencia a anular la política asumiendo para sí funciones decisionales, se rompe así la división entre la política y los fines, y la técnica y los medios. ¿Puede gobernarse un país como el nuestro simplificando de manera básica a sumas y restas las necesidades del hombre, las necesidades de nuestra sociedad? Mi impresión es que eso es imposible, debemos rescatar el valor de la política; sin eso una sociedad sin valores y desconcertada es nuestro futuro.

Recuerdo la escena final en la carretera de la película Brazil de Terry Gilliam, grandes paneles publicitarios cortan la visión del verde de los campos, el hombre contemporáneo en su laberinto, muy diferente al del Minotauro de la leyenda griega, pero igualmente mortal, el hombre moderno a toda velocidad con anteojeras gigantes que nublan su objetivo, el bien común.

Por eso, rescatemos lo esencial de lo cual, la demasía en el adorno, en la pompa, en la abundancia de cosas no necesarias (el lujo según la el diccionario de la lengua española), no es el fin ni el medio.