OPINIÓN | Milko Ibáñez: Dignidad y protesta

Si usted sale a la calle a protestar por la causa que usted guste está en todo su derecho, pero si usted sale a la calle con pancartas que hablan sobre la raza

¿Sabe usted que si usted es una persona que no reconoce por igual la dignidad de todos y niega la diversidad de sus “semejantes” (las comillas las pone usted) puede ser clasificado como un violador de derechos humanos?

Pues sí, ya que no es solamente un violador de estos derechos aquel que toma un arma, o que con sus propias manos daña a una persona, es también aquel que con su discurso y violencia escrita o verbal no reconoce la dignidad intrínseca de todo ser humano, y repito de todo ser humano, cualquiera.

Si usted sale a la calle a protestar por la causa que usted guste está en todo su derecho, pero si usted sale a la calle con pancartas que hablan sobre la raza de las personas como un atributo negativo, sobre su aspecto físico, sobre su ascendencia, sobre sus capacidades para el trabajo siempre en un modo denigrante, es usted un violador de derechos humanos.

Usted por esas acciones merece el juzgamiento y la cárcel como cualquier abusador de la integridad física común, pues usted es también un violador de esos derechos.

Si usted además hace ese tipo de declaraciones a vox populi en una marcha de forma reiterada, usted no es una persona que pueda sentirse digna, ni libre ni honorable.

Tome en cuenta las primeras palabras de la Declaración de los Universal de los Derechos Humanos de 1948, las cuales dicen lo siguiente, (el subrayado es mío).

“Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

La próxima vez que usted salga a la calle para protestar por lo que a usted le provoque, respete la dignidad y no la denigre con referencias primitivas, animales, xenófobas, misóginas y cuanta variante tenga el odio para expresarse, no se convierta en un violador.

Como decían los incas, ama llunku (sé digno).

 

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