OPINIÓN | Miguel Ángel Torres: Valle de Carapongo, sin agua y sin reconstrucción

Hoy vemos con mucha desilusión que la historia, no ha terminado.

Ha transcurrido casi un año, desde aquella vez que ríos y cielos rompieron su curso habitual de los últimos 20 años mostrando su peor rostro. Nunca en la historia del país, hubo el nivel de precipitaciones pluviales que se vivieron. Quebradas inactivas hace décadas o que nunca antes habían registrado encauzamiento de aguas, generaron huaycos en casi todo el país, situación que puede calificarse –sin duda– como una catástrofe nacional.

Hoy vemos con mucha desilusión que la historia, no ha terminado.

Quiero contarles que antes del inicio del fenómeno climático, nuestro despacho congresal recibió el llamado de la comunidad del Valle de Carapongo, del distrito de Lurigancho-Chosica, la cual alberga a más de 35 mil pobladores, organizados en 56 organizaciones vecinales, para solicitarnos a gritos el apoyo ante la empresa Sedapal en la instalación del servicio de agua potable y alcantarillado, el cual dicha población carece hace más de 20 años.

Muchos fueron los esfuerzos de control político empleados para buscar un mecanismo de solución para enfrentar esta problemática, entre la expedición de múltiples oficios a la empresa Sedapal, mesa de trabajo e incluso a la Contraloría General de la República. Sin embargo, pese a los compromisos brindados por parte de la Empresa Sedapal, todo fue un engaño. Hoy el Valle de Carapongo sigue sumado a esta triste realidad: no gozan de agua, siendo lo más anecdótico, que la planta de tratamiento de agua de Sedapal está ubicada en el Valle de Carapongo.

Sumado a esta gran necesidad del agua, la Comunidad del Valle de Carapongo fue azotada drásticamente por el desborde del río Rímac, dejando a centenares de familias enteras sin techo que las proteja de las inclemencias del clima, y peor aún, dificultando las condiciones de vida y salubridad de sus niños y ancianos, al caminar sobre pistas inservibles y peor aún, masticando y respirando polvo día a día.

 

Es imprescindible, por ello, que toda la clase política deje por un momento la naturaleza de confrontación y active mecanismos de concertación, con el objetivo de encauzar voluntades en pro de acciones políticas de apoyo oportunas, eficientes y solidarias a los pobladores del Valle de Carapongo. Es tiempo que el servicio público priorice a los que menos tienen.

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