OPINIÓN | ¿Menos ministerios para mejores estrategias territoriales? , la palabra de Augusto Ortiz

El Perú se mane­ja cortando el te­rritorio mal y con visiones anquilo­sadas que datan de cuando abuelitos de abuelitos con­seguían que hubiera distri­tos nuevos.

El Perú se mane­ja cortando el te­rritorio mal y con visiones anquilo­sadas que datan de cuando abuelitos de abuelitos con­seguían que hubiera distri­tos nuevos.

Con pisco y butifarras, o parlamentarios, que no es muy diferente.

Y se administra, des­de eso que llaman ‘Secto­res’, lo que vuelve a hacer­se con hacha de carnicero malo. A lo que se ha suma­do por años la legislación clientelista y los cálculos de una clase política mere­cidamente desprestigiada.

Por ejemplo, en Lima vi­vimos frente a un mar ba­ñado durante décadas con desagües para ahorrar el gasto de tubería al respon­sable de ponerlas. Y hay otro responsable, Salud, de poner letreritos sobre que el mar está contaminado y aconsejarnos sobre dón­de no ir y dónde hay me­nos porcentaje de materia fecal. Y el suelo es de cada distrito para que, como se ve, haga lo que quiera. Y así se lava las manos la au­toridad que debería ocu­parse de todo el litoral: la Municipalidad Metropo­litana, a cuya actual ges­tión no le importa dejar in­conclusas todas las obras, puentes peatonales, esca­leras, malecones, ciclovías y bajadas que ella misma, antes, encargó. Y prefiere convertir eso en una vitrina de letreros sobre que se ba­rre o se da mantenimiento o se trabaja de noche, pin­tando flechas del color que sabemos.

Y con esa errónea for­ma de cortar el bacalao y las reses tenemos lo que te­nemos.

La autoridad ministerial en Cultura tiene responsabi­lidades, pero no plata. Si in­vaden huacas, a las que no puede dar mantenimiento, le tiene que pedir favores al mi­nistro del Interior, cuya dis­ponibilidad suele depender de si hay partido de fútbol. Y a Turismo le toca un contó­metro de europeos, gringos y japoneses, y ponerle estre­llitas a hoteles, telos y afines, más que cuidar, por ejem­plo, esos paisajes o ese pa­trimonio que esos números crecientes vienen a ver. Y a Transporte le toca el otro contómetro, el de kilómetros de carretera y la recaudación de peajes que aconsejan, pri­mero, atravesar ciudades como anticuchos y, después, una vez que ya ni los mo­totaxis consiguen moverse, largarse de ellas, en vez de pensar sobre qué inducir, corregir y aprovechar del desarrollo y las actividades que inducen las vías .

Y ahora deberíamos pen­sar de nuevo en trenes, el in­mediato costero y el que vin­cule Arequipa, Puno, Cusco, Huancavelica, Huancayo y Lima, por ejemplo, y esa re­flexión no puede ser sola­mente sobre metros lineales ni maquinitas o energía. Y así en cada tema.

TERRITORIO,

NO VIVIENDA

El presidente electo, y no felicitado, ha dicho por ahí que se puede unir Trans­porte y Vivienda, lo que se parece a lo ya dicho aquí antes: ‘Territorio, no Vi­vienda’, cuando recordá­bamos la sabiduría de la palabra ‘fomento’. O como hacen los franceses con su ‘Ordenamiento Territorial’ o hacían los españoles con su ‘Mopu’, o ‘Ministerio de Obras Públicas’.

No suena mal. Sumaría lo cualitativo a lo cuanti­tativo. Y allí debe estar el apoyo técnico a regiones y ciudades que no tienen ni planes hechos ni, todavía, personal para hacerlos. Y que deben crear esas ofici­nas y capacidades.

También Turismo debe­ría culturizarse y Cultura aprender a gestionar. Los primeros confunden nú­meros apurados con estra­tegias, que las hay pocas y flojas. Los segundos toda­vía siguen sin saber evitar que los centros históricos se empobrezcan, se vacíen y se vuelvan periferias. Por beatería desinformada. Con manuales de hace cin­cuenta años.

En contraparte, sin duda en Cultura hay ya buena gestión de temas como tea­tro y creación de públicos, y hay una creciente ‘movi­da’ peruana de espectácu­los y una nueva generación de grupos jóvenes en dife­rentes terrenos del arte. Al­bricias, pero desde la calle.

Nuestra Feria Internacio­nal del Libro, que se abre esta semana y que será vi­sitada por más de medio millón de personas, es una elocuente evidencia de una primavera cultural, pero esa es una esforzada acti­vidad privada, como hay muchas, que se alienta con más bendiciones que re­cursos verdaderos.

No hay dónde hacer bien lo mucho que se podría. Y el Estado apoya muy poco. Quizá lo mejor sea su muy digna televisión. Mientras que la televisión privada y comercial es casi siempre infame y suele tomarnos por imbéciles. Y por adic­tos a huevadas.

Hay pan por rebanar, pero antes hay que cam­biar cómo y con qué hacer ese pan. Y cómo hornear­lo. Ahora lo hacemos mal y sabe a plástico.

Retos de liderazgo ver­dadero. Hay chamba de­lante si se trata de hacer país y no sólo de creer que todo es ganar plata. O po­der, para eso mismo.

Y saludar sería el primer paso.

Pendiente.

 

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