OPINIÓN | Martín Valdivia Rodríguez: Usureros S.A.

El Perú es uno de los pocos países del mundo donde no existe regulación para el cobro de intereses en tarjetas de crédito.
OPINIÓN | Martín Valdivia Rodríguez: Usureros S.A. OPINIÓN | Martín Valdivia Rodríguez: Usureros S.A.

Con tasas de interés tan abusivas como las que pagamos en el Perú por las tarjetas de crédito, bien podríamos aplicar el mismo principio que exigimos para los alimentos chatarra: que los bancos pongan en letras gigantes y con total transparencia los intereses que cobran. Estoy seguro que así, nadie –en su sano juicio–  se embarcaría en asumir un costo tan brutal y usurero.

El Perú es uno de los países más caros en materia de créditos de consumo, con tasas de interés tan altas –en comparación con los demás países de la región– que ha dado como resultado que entidades financieras como Ripley y Falabella “se la lleven en bandeja” gracias a la explotación de sus tarjetahabientes.

Lo curioso del caso es que estas mismas entidades en su país de origen, Chile, cobran prácticamente la mitad de intereses de lo que cobran aquí, sin que ninguna institución peruana se atreva siquiera a exigir alguna razón coherente para tal despropósito. Solo en el caso de Ripley, la tarjeta más cara (la clásica) ostenta un interés anual de 110 por ciento, mientras en Chile, la misma tarjeta solo cobra 43 por ciento. ¡Una locura!

Pero ahí no queda la cosa. Los bancos obtienen pingües ganancias aplicando una Tasa de Costo Efectivo Anual (TCEA) de 150.7 por ciento en el caso del Banco Azteca;  148.7 por ciento el Banco Financiero, o 136.03 por ciento en el caso del Banco de Crédito. Esto solo como ejemplos, pues la lista es larga y escandalosa. A ello hay que agregar una serie de adicionales como membresía, comisiones y gastos mensuales.

El Perú es uno de los pocos países del mundo donde no existe regulación para el cobro de intereses en tarjetas de crédito. Ni siquiera la desaceleración de la economía ha logrado que los bancos bajen estas tasas usureras, en una sana política de autorregulación. Hoy cientos de miles de peruanos no pueden pagar sus tarjetas, créditos de consumo, créditos vehiculares y demás préstamos, precisamente porque se vieron embaucados por la facilidad de contar con dinero a la mano, sin que reparen que estaban hipotecando su vida a los bancos.

La “letra chiquita” de los contratos bancarios debe desaparecer. Los peruanos tenemos derecho a contar con un crédito de consumo realista y transparente, que beneficie tanto al sistema financiero como a los usuarios. Regular esto no es intervencionismo, es solamente defender los intereses de los peruanos… es sensatez. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

 

 

 

 

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