OPINIÓN | Martín Valdivia Rodríguez: Lluvia de tarjetas…

Una vez un amigo me dijo: “no sé cómo hacen estas personas para averiguarse tu teléfono y ofrecerte una tarjeta”.
OPINIÓN | Martín Valdivia Rodríguez: Lluvia de tarjetas… OPINIÓN | Martín Valdivia Rodríguez: Lluvia de tarjetas…

Una de las trampas a la que recurren los bancos para tener más usuarios de tarjetas de crédito, es apelar a un marketing agresivo y muchas veces agobiante. Para ello preparan a un equipo de vendedores capaces de convencer al más escéptico, ofreciéndole a las personas créditos que en la mayoría de los casos no reflejan ni siquiera su propio sueldo. Otra argucia utilizada es entregar a la esposa o hijos mayores de edad una segunda tarjeta, con líneas de crédito inusitadas.

Una vez un amigo me dijo: “no sé cómo hacen estas personas para averiguarse tu teléfono y ofrecerte una tarjeta”. Y es verdad, esta fuerza de ventas apela a base de datos extraída no sabemos de dónde, averiguándose tu nombre y hasta el trabajo donde estás. Evidentemente, la tentación es mayor cuando te dicen qué línea de crédito tendrás y, sobre todo, qué podrías comprar con ese dinero plástico.

En el Perú existen más de 8 millones y medio de tarjetas de crédito activas, lo que representa unos 24 millones de soles. Con la expansión de la economía, la actividad febril de los bancos y financieras llegó a tal punto que el 83.08 por ciento del dinero colocado se destinó básicamente al consumo, es decir, a comprar artículos de diversos tipos, ropa y hasta comida.

Sin embargo, con la desaceleración económica experimentada a partir del gobierno de Ollanta Humala (y agravada durante el de PPK), la tasa de morosidad ha ido en aumento. Esto quiere decir que la gente o no puede pagar a tiempo por falta de dinero, o simplemente deja de pagar porque su situación laboral cambió drásticamente al quedarse sin trabajo.

Los intereses brutales comienzan a reflejarse en los estados de cuenta que no pueden ser cancelados, apelando el usuario al famoso “carrusel” (sacar plata de una tarjeta para pagar otra) o a la amortización del “pago mínimo”, que no es otra cosa que un engaña muchachos que lo único que hace es hacer más millonarios a los banqueros.

Y es aquí donde necesitamos que alguien se coma el pleito. Y ese alguien debería ser el gobierno, el mismo que ponga normas que regulen este festín usurero. ¿Tan complicado es poner topes a los intereses que cobran los bancos, tal como lo hacen otros países de la región? ¿Tanto miedo tienen de defender a los usuarios que muchas veces son embaucados con publicidad engañosa?

Ya es hora de tomar el toro por las astas y exigir a las autoridades un pronunciamiento valiente y decidido. Ya es hora de decir basta a tanto despropósito. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

 

 

 

 

 

 

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