OPINIÓN | Martín Valdivia Rodríguez: ¿Hasta cuándo señores?

Policías curtidos en la lucha contra la delincuencia callejera, señalan que hay rateros que son prácticamente “caseritos” de las comisarías.
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Hace unos días, cámaras de vigilancia de la Municipalidad de Lima captaban los precisos momentos en que un delincuente arrebata el celular a una transeúnte. Tras un breve forcejeo con la víctima, el ladrón corre y es perseguido por un grupo de transeúntes hasta que logran capturarlo. Viene el serenazgo, la policía y se lo llevan a la comisaría. Pasa al fiscal y, como ocurre en el 99% de los casos, el pillo es liberado porque –a juicio del letrado– el robo es “de menor cuantía” y, por lo tanto, no sujeto a una pena de cárcel.

Este caso se multiplica una y mil veces, provocando desazón entre policías y serenos que se ven impotentes ante el accionar del Poder Judicial que, carente de una norma específica que sancione delitos de este tipo, suelta a los delincuentes para que vuelva a reincidir. Policías curtidos en la lucha contra la delincuencia callejera, señalan que hay rateros que son prácticamente “caseritos” de las comisarías, pues tienen más de 20 ingresos a la cárcel… y vuelven a las calles en menos de 24 horas.

Y esto debería saberlo el ministro del Interior y los congresistas: la sensación de inseguridad ciudadana surge por este tipo de robos, aquellos que son al paso, el del arrebato, el del cogoteo, el del “bujiazo”, el del “raqueteo”, es decir, aquel que se produce día a día, en todas las  calles y a toda hora. Esa sensación hace crecer la percepción de inseguridad, aquella que el ciudadano reclama en las encuestas, la que escucha de un familiar, un amigo o que le ha pasado a ella misma.

Los delitos de menor cuantía no son sancionados y, lo que es peor, la reincidencia de este tipo de faltas no es considerada al momento que el fiscal evalúa la condición de tal o cual delincuente. De allí que el ladrón no escarmienta y sigue robando sin el menor escrúpulo, amparado en la impunidad y el saber que, si es nuevamente capturado, volverá a salir a la calle como si nada hubiera pasado.

El Congreso debería preocuparse más en este tema que atañe a todos y no verse enfrascado en líos estériles que ocupan horas de su tiempo y presupuesto. Consideramos necesario se modifique el Código Penal para sancionar con cárcel efectiva a quienes cometen delitos menores, así como a los delincuentes reincidentes. Los ladrones no pueden burlarse de la sociedad y reírse en su cara. Los ciudadanos estamos hartos de ser víctimas de estos malhechores que han hecho de nuestras principales ciudades su “centro de operaciones” y de nosotros sus “caseritos” indefensos. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

 

 

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