6 Dic, 2017

OPINIÓN | Martín Valdivia: Las combis nuestras de todos los días

El lunes, una pequeña de tan solo cuatro años de edad fue literalmente asesinada por estos salvajes del volante al exigírsele a su hermana pagar 50 céntimos de pasaje

Siempre pasa lo mismo cuando una combi o coaster de transporte público se ve envuelta en un accidente fatal: el auto siniestrado tiene más papeletas que rosario de monja y ninguna autoridad se atreve siquiera a capturarlo. Sin embargo, cuando un ciudadano común y corriente comete una falta leve, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) ya te empieza a empapelar para pagar tu “deuda” o, sino, serás objeto del embargo de tu vehículo por la policía.

El lunes, una pequeña de tan solo cuatro años de edad fue literalmente asesinada por estos salvajes del volante al exigírsele a su hermana pagar 50 céntimos de pasaje por la criatura. Entre cobradora y chofer se ensañaron para que la bebé sea maltratada y atropellada por este vehículo que, para variar, pertenece a la ex Orión, ahora llamada Holrex para asolapar su alicaída imagen como empresa.

Es precisamente esta empresa, ahora llamada Holrex, la que hasta hace un año debía –solo en papeletas– más de ¡siete millones de soles! Es decir, una completa burla no sólo a la autoridad, sino a toda la población. ¿Qué espera, entonces, la autoridad competente para no dejar circular a las unidades que tengan aunque sea una papeleta? ¿Cómo es posible que estos vehículos sigan recorriendo las calles de Lima y el Callao impunemente? ¿Por qué se persigue al ciudadano que cumple con sus impuestos y por una sola multa es perseguido como un criminal, dejando que combis y coasters sigan haciendo de las suyas?

Exigimos mano dura contra esta mafia enquistada en las dizque empresas de transporte, donde no se exige mayores requisitos para los choferes ni se gasta un centavo en capacitaciones para elevar no solo su estándar competitivo como chofer, sino –incluso– su propia cultura cívica. Ellos son la cara visible de nuestra capital para los millones de turistas que nos visitan y responsables en gran medida de los miles de accidentes de tránsito que se producen en nuestras calles.

El gran problema de estas “empresas” de transporte es que son verdaderos clubes de dueños de vehículos, donde los choferes son lo menos importante. Por ello la cantidad de multas, ya que cada chofer deja, digamos, su firma estampada como papeleta y, como no hay autoridad que controle, los vehículos siguen saliendo a las calles sin el menor cuidado, pues no hay un registro virtual que, en menos de un minuto, indique que tal o cual combi ya no puede circular por papeleteas impagas.

Estamos casi seguros que la coaster que mató a la criatura hace un par de días, volverá a circular por las calles de Lima como si nada hubiera pasado. La ley de la selva  (o del cemento) volverá a imperar para desgracia de quienes transitamos a diario por estas calles del peligro. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.