11 Nov, 2017

OPINIÓN | Martín Valdivia: La verdad como lema

Lo que hizo ayer El Comercio y su larga lista de diarios, fue una típica maniobra política, poniendo en práctica esa máxima perversa que dice “miente que algo queda”

La caviarada de todo pelaje, como bien sabe hacerlo, inundó ayer las redes sociales tildándonos de “fujimontesinistas”, “prensa chicha”, “keikistas”, entre otros epítetos, solo por el hecho de practicar un periodismo objetivo y veraz al publicar en portada un titular que respondía a una verdad que hoy salió a la luz: Keiko Fujimori nunca conoció a Marcelo Odebrecht ni este realizó aporte alguno a su campaña electoral.

A nosotros no nos interesa defender a la señora Fujimori. No somos sus abogados ni sus adulones de turno. A nuestros lectores, a esa amplia cantidad de peruanos que nos siguen día a día y nos conocen, les consta que aquí, desde esta columna hemos sido más que duros con las posiciones de Fuerza Popular y muy críticos con su lideresa. Portada y notas de opinión han sido escritos en franca oposición a muchos desatinos del fujimorismo, pero siempre con la verdad, con altura, con respeto y, sobre todo, con la verdad.

Lo que hizo ayer El Comercio y su larga lista de diarios, fue una típica maniobra política, poniendo en práctica esa máxima perversa que dice “miente que algo queda”, tirando barro con ventilador en clara venganza a la denuncia constitucional que Fuerza Popular prepara contra el fiscal de la Nación, Pablo Sánchez Velarde, quien no ha movido un dedo para tocar a las empresas hermanas de Odebrecht en el Perú, entre ellas Graña y Montero y JJ Camet, organizaciones que hasta la fecha están “pasando piola” en todas estas investigaciones.

La mentirosa portada de El Comercio, tal como lo adelantó la propia Keiko Fujimori, responde a una sola verdad: Graña y Montero se muere de miedo que se le incluya en las investigaciones y trata de manipular a la opinión pública obligando a sus periodistas a inventar noticias y lanzar improperios a través de sus páginas. Qué lejanos están aquellos días en que el decano de la prensa peruana dictaba cátedra de periodismo auténtico, con maestros de la pluma que respetaban la verdad y la decencia.

La gota que llenó el vaso de las iras de los señores Graña fue, también, la modificatoria del Decreto de Urgencia 003, que el pleno del Congreso aprobó para cautelar el pago de reparación civil a favor del Estado, en caso de corrupción, por un plazo de seis años. La norma que ha puesto los pelos de punta a Graña y Montero establece que las empresas condenadas por corrupción o que hayan admitido actos de dicha índole, así como sus socias y consorciadas, no podrán sacar dinero del país hasta que se pague el total de la reparación civil a favor del Estado, o se haya emitido una sentencia absolutoria consentida o ejecutoriada.

Esta norma –que afecta directamente sus intereses– fue impulsada por Fuerza Popular y dictaminada por las comisiones de Constitución y de Fiscalización del Congreso. En buen romance, Graña y Montero y las demás socias de Odebrecht no podrán zurrarse en la justicia y en el país, y tendrán que someterse a las leyes como cualquier hijo de vecino.

Los accionistas de El Comercio no buscaron mejor forma de vengarse del partido fujimorista que inventando un titular que quedará en la historia del periodismo más vil y mentiroso. Ni sus quinientos periódicos podrán tapar el desaguisado que cometieron, siendo una querella penal lo más apropiado para semejante mentira, que anunció Keiko Fujimori contra el “Decano de la Prensa Nacional”

La ira y los improperios de los caviares de siempre no nos mellan en lo absoluto. La verdad no ofende a nadie. Si tenemos que decirla y publicarla, lo haremos cada vez que sea necesario, aún esta atente contra nuestras propias ideas, pues el bien común de la opinión pública debe primar ante cualquier interés personal o de grupo. En Exitosa ya estamos curtidos frente a quienes nos temen. En menos de seis meses que asumí la dirección del diario, hemos colocado a este medio de comunicación entre los diarios más leídos del Perú. Ya no les cuento de nuestra radio hermana, la misma que está a punto de destronar a una radio tradicional de la capital. Estamos en camino de un cambio radical en los gustos de millones de lectores y oyentes a nivel nacional. Eso, lo puedo asegurar. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.