OPINIÓN | Martín Valdivia: Cuerdas separadas

Voceros del BCR manifestaron que esta medida se tomó sobre la base de las expectativas de inflación registradas el año pasado

Algún economista dijo por ahí que mientras el precio de los metales siga subiendo, cualquier Gobierno de turno tendrá la suerte de gozar de una oportuna estabilidad económica pese a cualquier crisis política que lo agobie. Y eso es lo que viene ocurriendo actualmente en el Perú. En los últimos dos meses, nuestro país ha sido víctima de un tsunami político pocas veces vivido, pero gracias a la poderosa minería ningún edificio se ha venido abajo ni ningún pájaro de mal agüero ha logrado atinar cualquier pronóstico desastroso.

Es más, el Banco Central de Reserva (BCR) redujo la tasa de interés de referencia de la política monetaria en 25 puntos básicos, de 3.25% a 3%. Esta reducción, sin duda, incentivará aún más la economía en tanto los créditos tanto para personas naturales como para empresas serán más baratos. Y si el BCR lo hace no es porque se les ocurrió de buenas a primeras hacerlo; el contexto de baja inflación y la confianza en una economía pujante, hace que se tomen este tipo de medidas.

Voceros del BCR manifestaron que esta medida se tomó sobre la base de las expectativas de inflación registradas el año pasado. El Perú es uno de los países de Latinoamérica que menos inflación ha registrado durante el 2017, cifra que debe estar bordeando los 2.30%

En primer lugar, en diciembre la inflación se ubicó en el tramo inferior del rango meta de entre 1% y 3% y se prevé que continuará reduciéndose en los primeros meses del 2018 para luego converger en torno a 2%. Un segundo elemento es que las expectativas de inflación a 12 meses continuaron bajando al colocarse en 2.30% en diciembre del 2017. Otro punto considerado –aparte del tema de los metales– ha sido el continuo flujo de capitales que están llegando a países emergentes como Perú, muy atractivo para este tipo de inversiones.

La reducción de la tasa de interés de referencia responde a una decisión acertada, que no incentivará la inflación ni descompensará la economía. Esto solo se puede hacer bajo un contexto de baja inflación y la gente lo sentirá al momento de solicitar un crédito de cualquier tipo. En suma, es una medida de confianza que busca incentivar aún más nuestra economía, pero que a la vez pretende darle más movimiento a la economía.

Como vemos, lo político y económico van, al menos hasta ahora, en cuerdas separadas. Ojalá se mantenga así y que el país logre sobrepasar el 4% de crecimiento que algunos agoreros ya han vaticinado. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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