OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: ¿Se equivocó Vizcarra?

Al firmar el decreto de convocatoria para el referéndum del próximo 9 de diciembre y discrepar enérgicamente con la cuarta reforma sobre la bicameralidad.

Creo que sí y por una razón muy simple. Al firmar el decreto de convocatoria para el referéndum del próximo 9 de diciembre y discrepar enérgicamente con la cuarta reforma sobre la bicameralidad, dio un mensaje oscuro y equívoco. Confundió el detalle con la visión integral. Al margen de que en el texto legal específico se hayan colado conceptos que podrían resultar inconvenientes para el equilibrio de poderes, el todo es más importante que las partes y debió primar un sentido del conjunto de las reformas. Vizcarra buscó la bicameralidad como una reforma de largo plazo que restauraba en el Perú el Senado, a fin de darle al Congreso una mayor solvencia intelectual y también para tener una cámara reflexiva destinada a profundizar el estudio en la aprobación de leyes.

El funcionamiento actual del Congreso unicameral en la práctica significa que una vez aprobada la ley con el apoyo aplastante de la mayoría, la segunda votación se convierte en un mero trámite, que puede ser dispensado con una segunda votación para dejarla de lado. En otras palabras en muchos casos las leyes se aprueban mediante dos votaciones, una seguida de otra, en un lapso del orden de los diez minutos. Un procedimiento congresal que en mi opinión en muchos casos podría ser calificado como festinatorio, oculto detrás de una delgada capa de aparente constitucionalidad.

Pero el error principal de Vizcarra es conceptual. El sostuvo textualmente que no “solo han retirado el concepto de la paridad”, de menor importancia en mi opinión, sino que además se incluyó “uno que no fue propuesto que es el de la cuestión de confianza”. Y es precisamente aquí donde se advierte el error capital de Vizcarra cuando considera que el Congreso debió aprobar sus proyectos sin cambio alguno. Me temo que está muy equivocado, con mayor razón cuando en un principio expresó su conformidad con las reformas aprobadas por el Congreso. Hubo por consiguiente, precipitación seguida de error en sus pronunciamientos públicos.

El Congreso como poder del Estado es mucho más que la mesa receptora de los proyectos del Ejecutivo y no se le puede forzar a decidir un cambio legal y constitucional por la simple exhortación del Presidente de la República. La palabra del Jefe de Estado no se identifica con la ley sino con determinadas propuestas que pueden o no convertirse en ley. Está invirtiendo el orden natural de las cosas. Para materias constitucionales el Congreso bajo la actual Constitución desempeña el doble rol de Poder Constituyente y Poder Constituido, porque la decisión depende de él, salvo que como en el presente caso, el pueblo tenga la decisión final de aprobar o desaprobar las enmiendas constitucionales.

¿Qué hacer? Pecaré de ingenuo y me aferro la idea de que el Presidente Vizcarra es un hombre de buena fe que desea terminar su mandato conforme a la Constitución. Para eso necesita el apoyo crítico del Congreso cuya mayoría no debe cegarse en su ambición de copar al Estado, ni tampoco patear el tablero por los problemas judiciales de Keiko, que ahora emergen de una forma simultáneamente peligrosa y siniestra. La mayoría congresal podrá acusar a Vizcarra de manipular al Ministerio Público por la detención de Keiko. Espero que no caiga en ese juego fatal para nuestra estabilidad democrática.

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