OPINIÓN | Martín Belaunde Moreyra: ¿Qué es el derecho?

La esclavitud que rigió durante varios miles años fue una institución legal. Entonces debemos convenir que la ley es un instrumento imperfecto...

Todos los años en la segunda mitad de agosto comienzo el dictado de un curso denominado Bases Legales para jóvenes que han ganado la Beca 18, quizás el mejor legado del controvertido expresidente Humala. En realidad se trata de una Introducción al Derecho para alumnos que siguen otras carreras, algunas de poca o ninguna relación aparente con el mundo jurídico. Sin embargo siempre les digo que de una u otra manera, sin querer queriendo a la moda del Chavo, nos topamos con las leyes y muchas veces en forma muy desagradable. Así el alumno esté de chef en un restaurante y sus principales preocupaciones sean culinarias para transformar mágicamente la mejor receta en un plato soñado destinado a un premio gastronómico. Pero como decía una vieja canción setentera de John Paul Young, el derecho como el amor está en el aire y no podemos eludirlo. Si lo hacemos, de repente nos daremos con un portazo en el ignoto mundo de las leyes y quizás entremos en la temida noche del procedimiento, de la que hablaba Kafka en su pesadilla novelística El proceso.
Empiezo con la primera y más elemental definición a mis jóvenes alumnos. El derecho les digo es un orden normativo integrado por disposiciones legales de diverso rango y jerarquía que se han dado en el curso del tiempo. La ley que es el principal, más no el único instrumento del derecho, puede ser definida como una disposición de carácter general, dictada por la autoridad competente en razón del bien común y con carácter obligatorio, cuya violación puede tener consecuencias de toda índole para quien la viola o la incumple. Entonces surge la primera pregunta, ¿cuál es la autoridad competente, el gobierno presidido por Martín Vizcarra, el Congreso por Daniel Salaverry o el Poder Judicial por Víctor Prado?
Ellos de una u otra manera constituyen las primeras autoridades del país en sus respectivos ámbitos, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El Estado como una expresión de Dios en la tierra se manifiesta a través de una Trinidad, no siempre santa, pero sí necesaria para evitar el despotismo. La división del poder entonces viene a ser la primera garantía de la libertad. Y el Estado, que es sinónimo de fuerza y poder, necesita al Derecho para legitimarse y ejercer la autoridad, incluso a través de la violencia, la coerción y la coacción, de una manera que insensiblemente sea aceptado por todos como el destino fatídico de la humanidad. Los hombres tendrán que aceptar el poder, así fuere abusivo para evitar la anarquía.
Sin embargo, alguien podrá preguntar, ¿en todas estas disquisiciones qué papel juega la justicia? Aquí nuevamente debemos preguntarnos, ¿qué es la justicia? Un pretor romano dio la mejor definición conocida hasta nuestros días: darle a cada quien lo que le corresponde. Perfecto, ¿pero cómo, a través de una ley que sea quizás la máxima expresión de la injusticia? Summa jus, summa injuria decían los antiguos pretores. La esclavitud que rigió durante varios miles años fue una institución legal. Entonces debemos convenir que la ley es un instrumento imperfecto para llegar a la justicia, que se asemeja a una sinfonía inconclusa, nunca definitiva, pero siempre presente para rescatar al ser humano del purgatorio. ❖

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